Paraguay frente al desafío de sostener su democracia

Para participar en política son muchos los factores que entran en juego, pero pese a eso, hay progresos en las instituciones democráticas, afirman.

| Por La Tribuna-
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Sobre esa premisa, el sociólogo Luis Ortiz analizó estos comportamientos sociales y subrayó la necesidad de poner el foco, en esta cuestión, a las condiciones socioeconómicas de la población antes de poder emitir algún juicio sobre las preferencias de las personas sobre los modelos de gobierno.

“La sociedad paraguaya está, en una amplia proporción de su población, preocupada por la reproducción de su existencia, de su vida cotidiana y, cuando mucho, en proyectar algún mínimo proyecto de vida. En estas circunstancias la democracia es una cuestión que no es percibida como directamente asociada a esas preocupaciones centrales”, dijo en entrevista con La Tribuna.

El analista explicó que la idea de “conciencia ciudadana” supone una historia y una experiencia, dos premisas muy endebles en Paraguay. “La democracia en la historia paraguaya ha sido una excepción: desde 1811, apenas tuvo duración de no más de un lustro (cinco años), una parte entre 1924-1928 y otra entre 1946-1947”, dijo.

Y luego agregó: “Es decir, que el proceso de democratización que inicia en 1989 es la primera experiencia histórica en la que las instituciones republicanas navegan con dificultad su institucionalización y en la que el Gobierno se define -cuanto menos legalmente- por su relación con los gobernados”.

Autoritarismo presente

Para participar en política son muchos los factores que entran en juego, pero pese a eso, hay progresos en las instituciones democráticas, afirman.

Esto último, dijo, equivale a decir que el autoritarismo continúa presente y campante en la mayoría de las instituciones republicanas. “Con ciclos de expresión, de la pluralidad y de participación en la distribución del poder político y de la definición de políticas públicas”.

Ortiz sostuvo que, por esa razón, no afirmaría que haya “retrocesos”. “Diría que hay avances (tímidos) y muchos estancamientos en el camino hacia la democracia”, declaró.

El analista también señaló que la participación es más que una mera declaración de principios. “Son procesos prácticos que en su desenvolvimiento van creando conciencia. Esta no se despierta por arte de magia sino como expresión de una experiencia y esta debe ser duradera”.

Vanguardia, pero en papeles

Nuestro país estuvo a la vanguardia en cuestiones de gobernabilidad pluralista, según cuenta el historiador Enrique Cosp.

Paraguay estuvo a la vanguardia en esto, tenía el voto universal masculino a partir de 1870. “Si bien esto puede sonar muy moderno, muy a la vanguardia, era algo que estaba solo en los papeles”, dijo a La Tribuna.

Para luego añadir: “En la práctica lo que vemos es que había revoluciones, golpes de Estado, cuando Bernardino Caballero asume la Presidencia por primera vez en 1880, lo hace cuando fallece el presidente Cándido Bareiro de muerte natural, tenía que sucederlo su vicepresidente, pero Caballero lo obliga al vicepresidente a no asumir la Presidencia. La democracia como tal no existía en la práctica o era muy muy incompleta”.

Primeros esbozos 

El historiador relata que la primera pluralidad gubernamental empieza durante el mandato del presidente liberal Eligio Ayala, quien impulsa una reforma electoral y trabajo junto con los colorados.

De dicha reforma, que trata de dar algunas garantías de un proceso legítimo con chances competitivas para la oposición sale la primera elección donde va a haber un candidato liberal y un candidato colorado.

“Va a ganar el candidato liberal, que fue José Patricio Guggiari, pero van a ingresar al parlamento varios legisladores colorados y se va a admitir mucha disidencia, los parlamentarios podían votar en contra de propuestas del Gobierno”, relata.

Declive y ascenso 

Los primeros esbozos de un modelo más democráticos decaen con la Guerra del Chaco, que enfrenta Paraguay ante Bolivia. Tras la muerte del mariscal Félix Estigarribia asume el poder el general Higinio Morínigo, quien con mano dura gobierna de 1940 a 1948.

Pero en su último año, Morínigo abre nuevamente las ventanas de la democracia, armando un gobierno de coalición con el Partido Revolucionario Febrerista (PRF) y con la ANR.

“Es un momento donde parece que, si no hay una democracia plena, por lo menos hay un aroma a que la democracia podría estar llegando”, cuenta Cosp.

Detalló que, en ese tramo de la historia, “se permite mayor libertad de expresión, empiezan a volver los líderes opositores exiliados, uno de ellos era el expresidente Guggiari, quien desembarca en el Puerto de Asunción y es recibido por una multitud”.

Sin embargo, este “experimento” dura poco porque finalmente los febreristas salen del gobierno de coalición. “Y Morínigo va a gobernar solo con los colorados y eso desemboca en la guerra civil de 1947, que sale triunfante al Partido de Colorado”, contó.

Posteriormente, tras unos años de inestabilidad, en 1954 accedió al poder el general Alfredo Stroessner, quien hasta 1989 encabezó un régimen dictatorial.

Foto: La participación ciudadana sigue siendo un desafío social para mejorar la calidad de la democracia.

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