La oposición comenzó a construir su camino hacia las elecciones generales del 2028 con un discurso de unidad, pero todavía sin una posición común sobre quién debe ocupar el primer lugar de la chapa presidencial.
El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), como primera fuerza opositora con representación parlamentaria, tomó la iniciativa de convocar a los distintos sectores.
No obstante, mientras algunos referentes apuestan por una candidatura definida mediante consenso, otros consideran que el liberalismo debe ceder el espacio principal si existe una figura con mayor respaldo electoral.
Serie de conversaciones
El presidente del PLRA, Alcides Riveros, impulsó durante la última semana una serie de conversaciones con dirigentes de distintos sectores opositores. Los encuentros incluyeron a referentes históricos, intendentes electos, legisladores y presidentes de organizaciones políticas.
Las primeras señales públicas posteriores a estas reuniones apuntaron hacia un mismo mensaje.
El gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, respaldó la iniciativa y planteó la necesidad de construir una alternativa que escuche a la ciudadanía. “Estamos dando el primer paso para construir una alternativa que escuche a la gente, entienda sus necesidades y ponga siempre en primer lugar a las familias paraguayas”, expresó.
Único camino es la unidad
En la misma línea, el senador Rubén Velázquez, del partido Yo Creo, sostuvo que el único camino para la oposición es la unidad. Tras el primer encuentro entre presidentes de partidos con representación parlamentaria y otros referentes, afirmó que existe coincidencia sobre la necesidad de avanzar hacia una alianza electoral.
Por su parte, Ever Villalba, del movimiento Frente Radical, calificó el encuentro como un primer paso y sostuvo que el diálogo debe avanzar hacia la construcción de un proyecto país. Entre sus planteamientos mencionó la recuperación de las instituciones, la mejora de los servicios de salud, la seguridad y la generación de empleo.
Villalba también atribuyó al PLRA la responsabilidad de continuar con las convocatorias y facilitar los consensos. Sin embargo, marcó una condición para la definición electoral: una vez establecido el mecanismo democrático, deberán presentarse los mejores hombres y mujeres para que la ciudadanía decida quién encabezará la chapa.
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Dos posiciones sobre el liderazgo
Detrás del discurso de unidad aparece una discusión que atraviesa al propio liberalismo. Una parte de sus dirigentes considera que el PLRA, por su estructura partidaria y trayectoria electoral, debe reclamar la candidatura presidencial. Otra corriente plantea que el objetivo principal debe ser conquistar el Ejecutivo, incluso si eso implica entregar el primer lugar de la fórmula a una figura de otra organización política.
En este segundo sector se ubican los senadores Líder Amarilla y Salyn Buzarquis, quienes manifestaron su disposición a respaldar una eventual candidatura presidencial de Miguel Prieto, líder de Yo Creo.
Amarilla sostuvo que, si Prieto mantiene su posición como el dirigente opositor mejor ubicado en las encuestas, planteará ante la convención liberal que encabece la chapa presidencial del 2028.
El legislador argumenta que la prioridad debe ser alcanzar la Presidencia de la República y que las decisiones partidarias deben considerar el posicionamiento electoral de los posibles candidatos.
El candidato con mayor arrastre
Buzarquis mantiene una postura similar. El senador considera que Prieto cuenta con mayor arrastre electoral y presencia en los distintos departamentos, por lo que sostiene que el PLRA debería respaldar su candidatura antes que insistir en presentar un postulante propio.
La posición también encuentra un punto de coincidencia con el propio Prieto, quien manifestó públicamente su afinidad con Buzarquis y expresó que le gustaría tenerlo como compañero de fórmula.
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El liberalismo entre estructura y encuestas
La propuesta de entregar la candidatura presidencial a Prieto choca con la posición de otros referentes liberales, entre ellos los senadores Eduardo Nakayama, Celeste Amarilla y Dionisio Amarilla, quienes reclaman que el candidato presidencial sea un afiliado del PLRA.
La diferencia expone dos criterios sobre cómo debe construirse la alternativa opositora. Por un lado, están quienes consideran que el partido debe hacer valer su condición de principal estructura política opositora y disputar el liderazgo de la chapa. Por otro, quienes entienden que la selección debe responder al posicionamiento de cada figura y a las posibilidades de alcanzar una victoria electoral.
Los criterios contrapuestos tampoco se limitan a una discusión de nombres. La postura de Buzarquis generó cuestionamientos dentro del liberalismo, especialmente entre sectores vinculados a Ricardo Estigarribia y a la conducción partidaria de Riveros. Las advertencias sobre posibles sanciones a dirigentes que participen en actividades políticas con Prieto reflejan que el debate ya tiene consecuencias en la convivencia interna.
Una unidad que todavía debe definir sus reglas
El desafío de Alcides Riveros consiste en sostener el proceso de diálogo sin que la discusión por la candidatura termine condicionando los acuerdos iniciales. La firma de un documento marco puede representar un avance organizativo, pero no resolverá por sí sola las diferencias sobre el liderazgo electoral.
La oposición enfrenta así una doble negociación, construir una plataforma común entre organizaciones distintas y resolver quién tendrá la representación principal de esa alianza. Para el PLRA, además, implica definir hasta dónde está dispuesto a ceder en una eventual concertación, sin perder el protagonismo que busca recuperar como principal fuerza opositora.
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El 2028 aparece como el punto de encuentro de las distintas fuerzas opositoras. Sin embargo, antes de definir una candidatura, el liberalismo deberá resolver si su apuesta pasa por encabezar la alianza o por respaldar a quien considere con mayores posibilidades de llegar al poder.

