Paraguay sigue siendo un país relativamente joven, pero esa descripción empieza a quedarse corta. Debajo de los grandes números de población está ocurriendo un cambio mucho más profundo: cada vez pesan menos los niños y cada vez pesan más los adultos mayores. No es una transformación repentina, sino una transición demográfica que avanza año tras año y que terminará afectando la educación, el empleo, la salud, las jubilaciones, la vivienda y hasta la forma en que se planifican las ciudades.
Los resultados finales del Censo Nacional de Población y Viviendas 2022 del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran con claridad el giro. En 1982, el 40,8% de la población tenía entre 0 y 14 años. Cuatro décadas después, en el 2022, esa proporción cayó al 25%. En sentido contrario, las personas de 65 años y más pasaron del 4,3% al 8,6% del total.
La fotografía sigue mostrando un Paraguay joven, pero la película va en otra dirección.
Otro dato ayuda a entenderlo. La edad mediana del país –el punto que divide a la población en dos mitades iguales– era de 19 años en 1982. En el 2012 había llegado a 24 y en el 2022 alcanzó 29 años. En apenas diez años avanzó cinco años.
Las proyecciones del INE indican que el cambio continuará. El estudio “La ventana demográfica en Paraguay”, elaborado sobre la base de las estimaciones y proyecciones nacionales 1950-2050, calcula que los menores de 15 años representaban 25,1% de la población en el 2025 y podrían bajar a 17,4% en el 2050. Las personas de 65 años y más seguirían el camino contrario: pasarían del 8,6% al 16,4%.
En términos simples, dentro de 25 años Paraguay podría tener proporcionalmente muchos menos niños y casi el doble de adultos mayores.
Eso cambia las preguntas que el país debe hacerse.
Si nacen menos niños, la presión sobre algunas escuelas podría disminuir en determinados territorios, pero eso no significa que educación necesite menos inversión. Significa que habrá que discutir mejor dónde están las escuelas, qué calidad ofrecen, cuántos docentes se necesitan y cómo aprovechar una población infantil más pequeña para mejorar el aprendizaje.
Al mismo tiempo, una población más envejecida demandará más servicios de salud, más atención a enfermedades crónicas, sistemas de cuidados más robustos y una discusión mucho más profunda sobre jubilaciones y protección social.
El cambio tampoco ocurre de la misma forma en todo el territorio.
El Censo 2022 del INE muestra que Ñeembucú era el departamento con mayor proporción de personas de 65 años y más, con 13,9%, seguido por Paraguarí con 13,3% y Asunción con 12,1%. En cambio, varios departamentos del Chaco y de la Región Oriental conservaban una presencia mucho mayor de niños.
Asunción ya ofrece una imagen del Paraguay que viene. Su edad mediana llegó a 33 años y registró un índice de envejecimiento de 63,3: por cada 100 menores de 15 años había alrededor de 63 adultos mayores. En Central, en contraste, la edad mediana era de 29 años y el índice de envejecimiento de 32,9.
Esto significa que Paraguay no enfrentará un solo proceso de envejecimiento, sino varios, a distintas velocidades.
El indicador de dependencia demográfica permite ver por qué este cambio es tan importante. En 1950 había cerca de 99 personas dependientes por cada 100 personas en edad de trabajar. Para el 2025, esa relación había bajado a poco menos de 51. El descenso se explica principalmente por la caída de la proporción de niños. Pero el propio INE estima que alrededor del 2035 la tendencia comenzará a cambiar: la dependencia volverá a aumentar, esta vez por el crecimiento de la población adulta mayor.
Ese es el punto central.
Durante décadas, Paraguay tuvo que responder principalmente a una población muy joven: maternidad, infancia, escuelas, primer empleo. Esos desafíos no desaparecen. Pero progresivamente se suman otros: cuidados, longevidad, enfermedades crónicas, pensiones y ciudades adaptadas a una población de mayor edad.
El cambio demográfico, además, no es necesariamente un problema. Una sociedad que vive más años también puede generar nuevas oportunidades. El propio estudio del INE plantea conceptos como la economía plateada, vinculada al empleo, consumo, innovación y servicios para una población adulta mayor creciente.
La cuestión es anticiparse.
Paraguay todavía dispone de tiempo y conserva una proporción elevada de población en edad de trabajar. Pero la estructura que conocimos durante buena parte del siglo XX ya empezó a desaparecer.
Habrá menos niños. Habrá más adultos mayores.
Y detrás de esas dos tendencias hay una pregunta que debería empezar a ordenar muchas políticas públicas: ¿Estamos preparando hoy el país en el que vamos a vivir mañana?


