La discusión sobre la incorporación de la segunda vuelta o balotaje en el sistema electoral paraguayo volvió a instalarse de manera sorpresiva esta semana. El origen de este nuevo impulso proviene de referentes como el senador Dionisio Amarilla, quien coincidió con postulados sostenidos previamente por su colega Salyn Buzarquis y otros sectores anticartistas.
La premisa no es nueva. Durante los últimos períodos electorales, líderes del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) y del denominado “tercer espacio” argumentaron que la dispersión del voto no colorado favorece de forma sistemática a la Asociación Nacional Republicana (ANR).
En ese contexto, Amarilla plantea que el balotaje se erige como una herramienta institucional indispensable para obligar a las fuerzas opositoras a negociar un frente común en segunda vuelta.
Es por temor a Cartes
Desde el oficialismo, la respuesta fue inmediata. El presidente del Congreso Nacional, Basilio Núñez, contrapuso la postura opositora al señalar que la intención de modificar las reglas de juego responde al temor que genera el liderazgo y la estructura electoral de Horacio Cartes. Según Núñez, la oposición apela a la segunda vuelta tras constatar que diversas mediciones otorgan al expresidente niveles de respaldo superiores al 50% y 60% en la arena política.
El titular del Legislativo advirtió que el balotaje solo derivaría en “alianzas artificiales” carentes de un programa de gobierno unificado, donde la voluntad popular manifestada en las urnas terminaría supeditada a acuerdos y repartos de cargos entre sectores ideológicamente opuestos.
Para respaldar su postura, Núñez recordó la inestable experiencia de la alianza que llevó a Fernando Lugo a la presidencia en 2008 —que culminó con su destitución en 2012— y sumó el argumento financiero, estimando que una segunda vuelta implicaría un gasto logístico adicional cercano a los USD 100 millones.
“Una alianza artificial”
El presidente del Congreso calificó el balotaje como una herramienta que puede generar “alianzas artificiales” y acuerdos de segunda vuelta entre sectores que mantienen diferencias sobre sus principales posiciones políticas.
En ese punto, contrapuso las posiciones que atribuye a los sectores de derecha con las de agrupaciones de izquierda. Mencionó diferencias sobre la propiedad privada, la economía de mercado, el papel del Estado y otros aspectos ideológicos.
Sostuvo que el Partido Colorado tiene una identidad política definida y que esa previsibilidad permite al electorado conocer las principales posiciones que defiende.
“En la primera vuelta, el pueblo elige. En la segunda vuelta, los políticos negocian y se reparten cargos”, sostuvo.


