La gente no exige discursos vacíos, solo pide ciudades que funcionen

Una encuesta nacional de Multitarget revela que el precio de los alimentos, el trabajo, la atención de salud, la seguridad del barrio o el estado de una calle figuran entre las principales preocupaciones de la gente. El estudio señala que el malestar ciudadano se vive en el territorio y exige a los municipios mayor gestión, honestidad y soluciones concretas.

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Las ciudades y los municipios deben ocupar un lugar central en la conversación política, señala el estudio.

El debate político suele quedar atrapado en nombres, alianzas y disputas nacionales. Sin embargo, la encuesta nacional de Multitarget Communication & Research, presentada en su informe final de junio del 2026 con miras a las elecciones presidenciales del 2028, muestra que las prioridades ciudadanas aparecen mucho más cerca: en el precio de los alimentos, el trabajo, la atención de salud, la seguridad del barrio o el estado de una calle. El malestar del país se vive, sobre todo, en el territorio. Por eso, las ciudades y los municipios deben ocupar un lugar central en la conversación política.

El estudio muestra que un porcentaje importante de la ciudadanía evalúa negativamente la situación económica nacional. En los hogares, la inflación es el principal problema, con 37,74%, seguida por el desempleo o la falta de trabajo estable, con 21,83%, y los bajos ingresos, con 21,22%. Los números retratan una preocupación cotidiana: la gente siente que trabaja y se esfuerza, pero que cada vez le cuesta más llegar a fin de mes.

Aunque muchas decisiones económicas dependen del Gobierno central, los municipios no pueden ser simples espectadores. Una ciudad puede facilitar la apertura de pequeños negocios, fortalecer mercados municipales, impulsar ferias de productores, ofrecer capacitación vinculada con empresas locales y reducir trámites. También puede priorizar obras que generen empleo y mejorar la conectividad de los barrios. El trabajo también depende de que cada ciudad cree condiciones para producir, comerciar e invertir.

Cuando se pregunta qué debería priorizar el presidente en cada departamento o ciudad, las principales menciones son atención médica permanente y provisión hospitalaria, con 22,75%; generación de empleo local, con 19,48%; seguridad y lucha contra el microtráfico, con 12,31%; educación, con 11,69%, y caminos y rutas internas, con 11,13%. Como cada entrevistado podía elegir tres opciones, son porcentajes de menciones y no de personas. Aun así, la dirección es clara: la ciudadanía quiere servicios y resultados concretos.

No todas esas responsabilidades son municipales. Los hospitales, la Policía y buena parte de la educación dependen del Estado central. Pero una intendencia puede articular respuestas: sostener programas de prevención, iluminar zonas inseguras, recuperar plazas, apoyar actividades para jóvenes y coordinar acciones contra el microtráfico. También puede mantener caminos dentro de sus atribuciones y exigir al Gobierno Nacional que cumpla las suyas. Gobernar una ciudad es conectar instituciones para que el ciudadano no quede atrapado entre competencias y excusas.

El informe revela otro dato decisivo: la población exige honestidad y transparencia a una alternativa política, pero también capacidad de gestión. Esa combinación debería ser el nuevo estándar municipal. Ya no alcanza con afirmar que se es diferente; hay que demostrar cómo se administrará el dinero, qué obras se harán, cuánto costarán y en qué plazo estarán terminadas. Presupuestos comprensibles, licitaciones abiertas, rendiciones periódicas y control ciudadano pueden convertir la transparencia en una práctica visible, no solo en una promesa electoral.

El mensaje para quienes aspiran a una intendencia es claro: la campaña no debería limitarse a prometer empedrados ni a repetir consignas nacionales. Tendrá que presentar un proyecto de ciudad con prioridades, presupuesto, plazos e indicadores públicos. Cada propuesta debería explicar cómo mejora el ingreso familiar, acerca los servicios al barrio, recupera el espacio público y asegura que el dinero llegue a donde fue prometido.

La encuesta tiene alcance nacional y no permite diagnosticar cada municipio por separado. Se realizó mediante 1.489 entrevistas en zonas urbanas y periurbanas de 37 ciudades, por lo que debe complementarse con escucha y datos locales. Aun así, ofrece una brújula valiosa: la gente no pide una política más ruidosa, sino gobiernos cercanos, honestos y capaces.

Las ciudades son el lugar donde los grandes problemas se vuelven personales. Allí la inflación se convierte en una mesa más cara; el desempleo, en un joven que piensa emigrar; la inseguridad, en una plaza vacía, y la mala gestión, en una calle que se inunda. Renovar la política municipal significa comenzar por lo esencial: escuchar, ordenar, coordinar y cumplir. Una ciudad que funciona no resuelve todos los problemas del país, pero puede devolverle a la ciudadanía algo que hoy reclama con fuerza: la certeza de que su esfuerzo también encuentra respuesta en el Estado.

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