En una grave escalada de tensión digital y diplomática, los gobiernos de Paraguay y los Estados Unidos denunciaron la detección de múltiples actores de ciberamenazas, vinculados de forma directa al Gobierno de la República Popular China, que lograron infiltrarse en los sistemas informáticos del Estado paraguayo.
La vulneración institucional fue descubierta tras una reciente auditoría y revisión técnica binacional de ciberseguridad. En una declaración oficial, el Ministerio de Tecnologías de la Información y la Comunicación (Mitic) y la Embajada de los EE.UU. en Asunción ratificaron el compromiso estratégico de ambas naciones para blindar la infraestructura digital crítica frente a operaciones malintencionadas patrocinadas por potencias extranjeras.
“Una revisión conjunta reciente de las redes gubernamentales identificó múltiples actores de amenaza vinculados al Gobierno chino que han infiltrado sistemas del Estado paraguayo. Ambas naciones continúan fortaleciendo la infraestructura crítica cibernética y de comunicaciones para contrarrestar las operaciones de ciberespionaje”, expresa el reporte emitido en la tarde de ayer.
Según los registros oficiales, este incidente no es un hecho aislado, sino la continuidad de una ofensiva cibernética sostenida contra la soberanía digital del país.
El antecedente de Flax Typhoon
No es el primer caso denunciado por el Gobierno paraguayo sobre ciberespionaje chino. Durante una revisión informática llevada a cabo en noviembre de 2024 junto al Mando Sur de los EE.UU., las autoridades del Mitic habían identificado al grupo de ciberespionaje de origen asiático conocido como Flax Typhoon. Este grupo, con vínculos comprobados con el aparato estatal chino, ya se había infiltrado con éxito en las redes de diversos organismos públicos paraguayos, dejando en evidencia el interés de Pekín en el espionaje regional.
La respuesta del presidente Santiago Peña ante estos episodios ha sido tajante, vinculando directamente los ataques informáticos con el histórico respaldo diplomático de Paraguay a Taiwán, un factor de fricción permanente con el régimen de Pekín. Como contraestrategia, Asunción optó por endurecer su discurso pro-Taiwán y estrechar la cooperación tecnológica con Washington.
El factor Pekín: rechazo absoluto
Por su parte, el Gobierno chino mantuvo una postura de negación total. Desde las primeras denuncias a finales de 2024, Pekín rechazó las acusaciones, sosteniendo que la denuncia carece de fundamento y calificándola como una “campaña propagandística y mediática” orquestada por los Estados Unidos.


