Villa Montes fue el centro de una de las mayores operaciones en el Chaco a comienzos de 1935. En enero los I y II Cuerpos paraguayos avanzaron por una geografía dura: uno cruzó la Cordillera de Chiriguanos y llegó a Aguaragüe; el otro alcanzó el río Parapití, que Paraguay reclamaba históricamente. Villa Montes, bien abastecida y fortificada, cerraba el paso hacia Santa Cruz y Tarija.
El 13 de enero unos 5.000 paraguayos atacaron las fortificaciones de Villa Montes, pero se toparon con una férrea defensa y sufrieron bajas importantes. Al mismo tiempo, fuerzas de Rafael Franco ocuparon puntos en el Parapití y cortaron la ruta Villa Montes–Santa Cruz; sin embargo, el 11 de febrero los bolivianos reaccionaron y frustraron el avance hacia los pozos de Camiri. En febrero y marzo los paraguayos avanzaron con mucha dificultad: se abrió una saliente en las montañas que luego fue cerrada por la artillería y la aviación bolivianas, y el frente quedó estancado.
Paraguay insistió por el norte: Eugenio Alejandrino Garay cruzó el Parapití, ocupó Coperé y el 15 de abril tomó Charagua, el punto más lejano alcanzado por el ejército paraguayo en territorio boliviano, lo que provocó el éxodo de poblaciones cercanas.
Bolivia respondió el 16 de abril con una contraofensiva masiva de unos 20.000 hombres, que empujó a las fuerzas paraguayas y las obligó a replegarse en varios sectores. Paraguay, con pocos refuerzos y muchos reclutas inexpertos, retrocedió para evitar el cerco. A mediados de mayo perdió el control del Parapití, pero logró recuperar Mandeyupecuá, donde terminó la última gran contraofensiva boliviana; Garay, con 3.500 hombres, contuvo al III Cuerpo boliviano, superior en número.
A comienzos de junio de 1935 la batalla de Ingavi fue determinante. A pesar de estar en inferioridad, las tropas paraguayas del teniente coronel José María Cazal cercaron y derrotaron a la VI División boliviana: la selva y la falta de agua diezmaron a los sitiados, que se rindieron el 8 de junio con numerosos prisioneros. La caída de Mandeyupecuá y el avance de Cazal en Ingavi empujaron a Bolivia a negociar.
Agotadas las fuerzas y bajo presión internacional, los bolivianos aceptaron la paz el 9 de junio y el Protocolo de Paz se firmó el 12 de junio de 1935 en Buenos Aires. El acuerdo estableció el cese de hostilidades, la reducción de los ejércitos y la convocatoria de una conferencia para resolver las diferencias, con mediación de varias potencias americanas. Las hostilidades se detuvieron definitivamente el 14 de junio al mediodía.
La guerra, iniciada en Pitiantuta tres años antes, terminó con un alto costo humano: Bolivia perdió más de 35.000 vidas, tuvo cerca de 10.000 desertores y 21.000 prisioneros; Paraguay registró más de 18.000 muertos y 2.500 capturados.
Recordemos con gratitud a quienes dieron la vida por la patria. Su sacrificio nos exige honrar su memoria viviendo y trabajando por la paz.






