Para la exfiscala general del Estado, el trágico desenlace de su vida fue la respuesta de quienes no pudieron “manejar” ni torcer su voluntad, recurriendo al asesinato para callar a un hombre que siempre tuvo los elementos probatorios y la verdad de su lado.
Respecto al avance de las investigaciones, Quiñónez explicó con propiedad que demostrar la autoría moral es un trabajo sumamente complejo que requiere “mucha paciencia” y elementos precisos.
Señaló que en este tipo de casos es casi imposible contar con un testigo directo que identifique a quien dio la orden, por lo que la recolección de pruebas debe ser minuciosa.
Recordó que el crimen ocurrió en Colombia, lo que añade una capa de dificultad logística y jurisdiccional al proceso investigativo que ya suma cuatro años.
Por otro lado, pidió prudencia y tiempo para las autoridades actuales, subrayando que en investigaciones contra el crimen organizado no siempre se pueden revelar los avances públicamente para no alertar a estructuras que tienen “tentáculos por todos lados”.
Reafirmó su confianza en el equipo de fiscales paraguayos y aseguró que, desde el primer día, tanto el Ministerio Público como el Gobierno aportaron todos los elementos solicitados por la justicia colombiana para esclarecer el magnicidio.


