Política

El legado de un fiscal que asumía su profesión como un compromiso

Cuatro años después de su asesinato, Piñánez insiste en que la memoria de Pecci no debe quedar limitada al atentado que terminó con su vida, sino también a la forma en que entendió la justicia y al vínculo humano que construyó con quienes compartieron su camino.

| Por La Tribuna
Luis Piñánez y Marcelo Pecci, amigos y colegas que compartieron la vida desde la infancia.

Marcelo Pecci podía pasar horas organizando un procedimiento, revisando detalles o estructurando estrategias, pero también encontraba tiempo para llamar a sus amigos, visitar personas con las que mantenía afecto desde hacía años o preocuparse por quienes trabajaban a su alrededor.

Esa combinación entre rigor profesional y cercanía humana es la imagen que Luis Piñánez conserva del fiscal asesinado en Colombia en 2022.

Cuatro años después del crimen que conmocionó al país, Piñánez recuerda a Pecci lejos del símbolo instalado tras su muerte. Habla del amigo que disfrutaba del fútbol, del compañero que protegía a los suyos y del fiscal que entendía el trabajo como una responsabilidad que debía cumplirse incluso en los momentos más difíciles.

“Marcelo tenía una convicción muy fuerte sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal”, sostiene.

Según relata, una de las principales características de Pecci era la coherencia con la que ejercía la función pública. No diferenciaba entre el discurso y la práctica. Lo que exigía institucionalmente también lo aplicaba en su vida cotidiana y en la forma de relacionarse con otras personas.

Piñánez asegura que esa convicción no se construía desde la dureza, sino desde una idea muy clara de servicio. Aunque muchas veces transmitía una imagen seria e incluso distante, quienes compartían de cerca con él conocían otra faceta.

Sin embargo, según Piñánez, nunca buscó protagonismo personal ni construyó una figura pública alrededor de su trabajo.

Incluso dentro de su entorno más cercano mantenía una enorme prudencia sobre las causas que llevaba adelante. Piñánez considera que esa actitud respondía no solo a una cuestión profesional, sino también a una forma de cuidar a quienes lo rodeaban.

La muerte de Marcelo Pecci generó un impacto que trascendió el plano institucional. Para muchos fiscales, sostiene Piñánez, el crimen representó un punto de quiebre en la forma de entender la profesión y las consecuencias que determinadas investigaciones pueden implicar.

Las medidas de seguridad comenzaron a fortalecerse, las amenazas pasaron a ser tomadas con mayor seriedad y dentro del Ministerio Público se instaló una conciencia distinta sobre el alcance del crimen organizado.

Pero Piñánez considera que el cambio más profundo fue humano.

Asegura que la muerte de Pecci dejó una marca emocional en colegas y funcionarios que compartieron años de trabajo con él. No solamente por el impacto del crimen, sino porque representaba una manera particular de ejercer la Fiscalía.

Para Piñánez, la mejor forma de recordar a Marcelo Pecci no pasa únicamente por los homenajes institucionales o las fechas conmemorativas. Cree que el verdadero reconocimiento está en mantener vigente el ejemplo de honestidad y disciplina que dejó dentro del Ministerio Público.

Sostiene además que su legado continúa presente entre muchos fiscales jóvenes que observan en Pecci una referencia sobre el ejercicio responsable de la función pública.

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