Desde el Ministerio de Desarrollo Social (MDS), su titular Tadeo Rojas planteó que cualquier decisión debe centrarse en garantizar la sostenibilidad del programa, esto luego de que el Senado aprobara el traslado de fondos de dos gobernaciones al MDS.
Señaló que, más allá de los mecanismos de gestión, el objetivo común debe ser preservar una política que hoy llega a más de un millón de niños en todo el país.
“Todos debemos alinearnos en el compromiso de proteger el programa”, expresó, al referirse al tratamiento legislativo que aún debe pasar por la Cámara de Diputados.
Cobertura ampliada con planificación técnica
El programa marcó un cambio en el esquema de alimentación escolar al unificar la cobertura en más de 7.000 instituciones educativas. Este modelo, según explicó, reemplazó un sistema fragmentado y permitió estandarizar la provisión de alimentos bajo criterios técnicos.
Desde el Ejecutivo se sostiene que cada plato entregado responde a parámetros nutricionales definidos por especialistas, con menús elaborados tras evaluaciones previas a la implementación.
La planificación apunta no solo a cubrir necesidades alimentarias, sino a acompañar el desarrollo en edad escolar.
Rojas insistió en que el programa debe analizarse en función de resultados y no de percepciones aisladas, planteando la necesidad de identificar si los cuestionamientos responden a situaciones puntuales o a aspectos estructurales.
Respaldo internacional y evidencia
El enfoque de la alimentación escolar cuenta con respaldo de organismos internacionales.
Según datos de la Unicef, en Paraguay este tipo de políticas resulta clave ante el 34,6% de exceso de peso en niños y adolescentes de entre 5 y 19 años, además de su rol en la prevención de la desnutrición.
El organismo sostiene que garantizar una alimentación equilibrada en las escuelas mejora directamente la concentración, la memoria y la capacidad de aprendizaje. También contribuye a formar hábitos saludables desde edades tempranas, promoviendo el consumo de alimentos nutritivos y la revalorización de productos locales.
El modelo apunta además a asegurar al menos una comida de calidad al día, reduciendo situaciones de hambre y fortaleciendo la seguridad alimentaria. En paralelo, se enfoca en prevenir enfermedades asociadas a la malnutrición, como la diabetes o la hipertensión, así como efectos emocionales vinculados a la obesidad infantil.
Para este año, las acciones entre Paraguay y Unicef se orientan a consolidar entornos escolares saludables y reforzar la educación nutricional dentro de las instituciones.
Eje de una red de protección social
El asesor económico de la Presidencia y actual ministro interino de Economía y Finanzas, Juan José Galeano, situó a Hambre Cero dentro de una red más amplia de políticas públicas.
Explicó que su financiamiento combina recursos de Itaipú con fondos del Tesoro, en línea con un esquema que ya contemplaba la alimentación escolar antes de su ampliación.
“El programa no fue diseñado como única herramienta para reducir la pobreza, sino como parte de una red de protección social”, afirmó.
Según detalló, la cobertura diaria en escuelas públicas incorpora además un componente económico, al involucrar a productores de la agricultura familiar en la provisión de alimentos, generando ingresos en distintos niveles de la economía.
Impacto en desarrollo y aprendizaje
El enfoque del programa se vincula también con efectos a mediano y largo plazo. La alimentación adecuada en edad escolar se asocia a mejoras en el rendimiento académico, la salud y la futura inserción laboral.
Galeano indicó que este tipo de políticas no se limitan a contextos de vulnerabilidad, sino que forman parte de sistemas educativos en distintos países, donde la alimentación escolar se integra como un componente estructural.


