Un tambor enterrado con armas, explosivos y dispositivos electrónicos fue localizado en una estancia de Yby Yaú, reavivando la preocupación por la persistencia de una estructura armada que, pese a los golpes sufridos, sigue siendo considerada una amenaza para la seguridad nacional.
El 2 de febrero de 2026, agentes militares llegaron hasta la estancia Ramonita, ubicada en la zona de Cerro Mojón, departamento de Concepción, un punto históricamente vinculado a desplazamientos del grupo armado autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo. Allí, tras una minuciosa tarea de rastrillaje, se produjo el hallazgo más significativo relacionado al EPP en los últimos ocho años.
Durante el operativo, los uniformados localizaron un tambor enterrado, utilizado como caleta, una modalidad clásica del grupo criminal. En su interior se encontraron múltiples evidencias que refuerzan la hipótesis de que el sitio habría sido utilizado por miembros del EPP durante su permanencia en la zona.
En contacto con el comisario Nimio Cardozo, jefe del Departamento Antisecuestros de la Policía Nacional, las consultas apuntaron directamente a si los objetos encontrados en la caleta guardan relación con personas secuestradas. El jefe policial optó por no adelantar conclusiones, pero dejó en claro que, el contenido del celular y la computadora incautados podría resultar decisivo, ya que su análisis forense permitirá despejar uno de los mayores interrogantes que rodean al caso.
Entre los objetos más relevantes se encuentran un teléfono celular y una computadora portátil que aún se encuentra en funcionamiento, elementos que para la Policía Nacional resultan fundamentales. Según Cardozo, el contenido de estos aparatos permitirá confirmar o descartar la identidad de los usuarios, además de establecer posibles vínculos operativos y logísticos del grupo armado.
El jefe policial recordó que el EPP suele dejar caletas estratégicamente distribuidas en los lugares donde operó durante largos períodos. Mencionó específicamente zonas como Cerro Guaraní, Cerro Guazú y la propia estancia Ramonita, sitios donde el grupo permaneció durante años y donde, incluso, se registraron enfrentamientos armados, como el caso en el que los hermanos Argüello fueron abatidos.
Armas, explosivos, equipos de comunicación, computadoras y alimentos no perecederos forman parte de una logística cuidadosamente planificada. “Ellos tienen todo bajo coordenadas; nada es al azar”, explicó el comisario Cardozo, al tiempo de señalar que, por las características del hallazgo, a simple vista podría tratarse de pertenencias de miembros del EPP.
Al ser consultado sobre la vigencia del grupo y la posible incorporación de nuevos integrantes, el comisario fue contundente: mientras no sea abatido o detenido el último miembro, la organización seguirá representando un riesgo. Recordó que si bien en su momento el EPP llegó a contar con alrededor de 30 integrantes, hoy estiman que no llegarían a la docena.
“No significa que no hayan crecido, pero con uno o dos miembros activos, el peligro sigue existiendo”, advirtió.
Respecto a la situación de Magna Meza, Cardozo afirmó que no existe confirmación oficial sobre su muerte, por lo que no puede ser afirmada ni descartada. En cuanto al liderazgo actual, indicó que Manuel Cristaldo Mieres sería quien continúa al frente de la estructura criminal.
Según el informe preliminar, en el interior del tambor utilizado como caleta fueron incautados una notebook marca Acer, un disco DVD con la inscripción “KDG”, un teléfono celular Samsung modelo DUO y dos cuadernos tipo libro de campaña, además de un portapistola, una hamaca, tres mochilas, dos pares de uniformes verdes, un pantalón marrón, una remera manga corta y una remera negra.
El hallazgo incluyó también un radio marca Sony, dos paquetes de hojas tamaño oficio, un artefacto explosivo de fabricación casera con su correspondiente detonador, cinco portacargadores para fusil, dos portavainas para machetillo, un quepis y una linterna. En materia balística, se encontraron una vaina servida calibre 308, dos cartuchos calibre 9 mm marca Luger, un cartucho calibre 38 y un cartucho para rifle de calibre no especificado, además de mercaderías varias y un rifle de aire marca Diana, elementos que refuerzan la hipótesis de una logística clandestina plenamente operativa.



