Agentes especiales hallaron más de cuatro kilos de marihuana y un rastreador activo dentro de encomiendas provenientes de California. Las cajas sospechosas fueron abiertas ante la jueza Lici Teresita Sánchez y entre la droga apareció un dispositivo que monitoreaba la ruta del envío.
El Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi volvió a convertirse en escenario de narcotráfico internacional en la mañana de ayer jueves 20 del corriente, ya que los agentes especiales de la Senad que realizaban controles de rutina reforzados por una investigación aeroportuaria en curso, detectaron varias encomiendas sospechosas provenientes directamente del estado de California, Estados Unidos, una ruta ya conocida por los traficantes para el envío de marihuana de alta pureza.
Los primeros indicios de irregularidad surgieron tras la inspección de los canes antidrogas, que marcaron dos cajas como “altamente sospechosas”. De inmediato, los paquetes fueron aislados y trasladados a la Oficina de Atención Permanente para una verificación formal, siguiendo estrictamente los protocolos judiciales. En la misma línea investigativa, se dio participación a la fiscala María Irene Álvarez, quien ordenó la apertura de una nueva línea de indagación orientada a identificar a los destinatarios finales de las narcoencomiendas y a mapear el circuito completo del tráfico detrás de estos envíos transnacionales.
Ya en dependencias oficiales, y con la presencia de la jueza Lici Teresita Sánchez, las cajas fueron abiertas una por una. La encomienda expuso de manera contundente su contenido: varios paquetes de marihuana prensada, envasada al vacío y ocultos dentro de bolsos térmicos, una modalidad empleada para frenar la fuga de olores y engañar incluso a los sensores más sofisticados, según afirmaciones hechas desde a Senad, el peso total del cargamento alcanzó 4 kilos con 228 gramos. Sin embargo, lo que más llamó la atención de los investigadores no fue la droga en sí, sino un dispositivo de rastreo en pleno funcionamiento dentro de una de las cajas. Según las primeras hipótesis, el aparato habría sido colocado por los propios traficantes para monitorear cada movimiento del envío, desde su salida en California hasta su llegada al territorio paraguayo, lo que revela un nivel de organización y control superior al habitual.
Francisco Ayala, de la Senad, reveló que la mayoría de las investigaciones relacionadas con envíos de encomiendas vinculadas al narcotráfico apuntan a un mismo destino final: Ciudad del Este, considerada un punto estratégico por su cercanía con la frontera brasileña. Afirmó que el trabajo de trazado e identificación de los responsables se vuelve “extremadamente complejo”, debido a que los paquetes suelen enviarse a nombre de personas inexistentes o con apellidos alterados, una práctica que dificulta cualquier verificación inmediata.
Ayala añadió que este patrón sugiere la posible colaboración interna dentro de algunas empresas de courier o distribución, ya que los envíos se estarían procesando sin mayores exigencias documentales, permitiendo que las encomiendas viajen sin controles rigurosos y facilitando que redes criminales operen con total sigilo.


