Denuncias, decomisos y operativos muestran un incremento sostenido del narcomenudeo en Asunción y departamento Central. Crece el microtráfico y la respuesta estatal no alcanza, a pesar de los operativos diarios que se ejecutan.
En los últimos años, Paraguay se transformó en uno de los mayores productores de marihuana de Sudamérica. Sin embargo, el problema ya no se limita a los cultivos o a los cargamentos que cruzan las fronteras. Hoy, el delito se mudó a las esquinas, a los pasillos de los asentamientos y hasta a las inmediaciones de las escuelas: el microtráfico, o venta minorista de drogas, se instaló con fuerza en casi todos los departamentos del país.
El fenómeno se percibe en zonas urbanas, tanto en Asunción, San Lorenzo, Mariano Roque Alonso, y otras ciudades donde se comercializan pequeñas dosis de marihuana, crack y cocaína, en distintos puntos y la modalidad es simple: una vivienda común, una persona de confianza que vende, y una red de jóvenes que actúan como pasadores o repartidores, así la comitiva policial-fiscal allanó dos viviendas particulares en Mariano Roque Alonso, a las 7:00 de ayer viernes 7 de noviembre, se llegó a la primera casa ubicada sobre la calle Rancho 8, del barrio 8 de Diciembre, aquí detuvieron a dos personas, Nelson Núñez Cabrera de 32 años de edad, quien cuenta con antecedentes penales por tenencia sin autorización de sustancias estupefacientes del año 2015 y a Carlos Isaac Segovia Ruiz, de 35 años, ambos domiciliados en el lugar del procedimiento, del poder de estas personas se incautaron 19 dosis de cocaína y 60 dosis de crack.
Posteriormente, a las 8 de la mañana, la comitiva llegó hasta la calle Gondra casi Pozo Favorito, del barrio Central de Mariano Roque Alonso y detuvieron a una mujer identificada como Diana Dominga Pavetti, que solo tenía 1,22 gramos de cocaína y la suma de 44.000 guaraníes consigo, todos fueron puestos a disposición del agente fiscal Marco Amarilla.
Cada semana se ejecutan entre 20 y 40 intervenciones contra puntos de microtráfico en distintas ciudades del país, los decomisos suelen ser menores en cantidad, pero constantes. En 2024, los procedimientos de narcomenudeo superaron los 2.000 casos, una cifra récord, según los registros de la división Antinarcóticos de la Policía. Los agentes describen el mismo patrón: pequeñas dosis, dinero en billetes chicos y, muchas veces, menores de edad involucrados. “Por cada punto cerrado, aparecen dos nuevos en otro barrio”, admitió un investigador de la dirección de investigación de hechos punibles, consultado para este informe.
Una cadena difícil de romper
El microtráfico es el eslabón más pequeño del narcotráfico, pero también el más resistente, según los propios intervinientes. Mientras los grandes envíos cruzan la frontera rumbo a Brasil o Argentina, una parte de la producción queda dentro del país y esa porción alimenta el consumo local y sostiene la economía ilegal en zonas llamadas vulnerables.
La marihuana, por su bajo costo y fácil acceso, es la puerta de entrada; pero en los últimos años, el crack se volvió el flagelo de los sectores más humildes. Su efecto rápido y devastador lo convierte en la droga de mayor incidencia en hechos de violencia y hurtos callejeros.
En muchos barrios, las bocas se convierten en fuente de ingresos para familias enteras. “Al principio venden para sobrevivir; después, el dinero fácil los atrapa”, comentó un agente antinarcótico sobre el operativo reciente de Mariano Roque Alonso.


