Opinión

Casino, chisme y cabaret al alcance de los niños

Miguel Ángel Gaspar

He dedicado 12 años de mi vida a analizar la forma en que la cibernética embebió la ciencia computacional en su expresión más genuina: la recolección y el análisis de datos. Cibernética sin datos es ciencia muerta y los datos pueden ser recolectados de las formas más inverosímiles, aunque bajo el eufemismo del consentimiento informado, como pasó y pasa con las “cookies” y ahora con los sensores de los dispositivos.

Un gigante como Google acaba de pagar millones de dólares porque grabó conversaciones privadas sin consentimiento y escuchó más de lo que debía.

El acuerdo de 9 millones que Google firmó con 49 estados estadounidenses confirma que entre el 2019 y el 2022 Google Assistant grabó y almacenó conversaciones sin activación deliberada ni consentimiento de usuarios, incluyendo datos médicos y conversaciones con menores procesadas por terceros contratados. Sin embargo, esta sanción representa apenas el 0,003% de los ingresos anuales de Google ($307 mil millones en el 2023), funcionando como costo operativo predecible dentro de un modelo de negocio fundamentado en la recolección masiva de datos personales.

Demandas y reconocimientos

Mientras, en otro escenario, las empresas de redes sociales Meta y YouTube se enfrentan a un jurado por primera vez en un caso histórico que involucra reclamos sobre que sus plataformas son demasiado adictivas, en tanto que TikTok y Snapchat reconocieron el hecho y firmaron un acuerdo.

Esa leyenda urbana de creer que “mi teléfono lee mis pensamientos y me oye” se volvió una aplastante realidad en donde la suma de dispositivos, aplicaciones, sensores, tiempo de uso y contenido diseñado para estimular todo lo anterior, en un complejo círculo vicioso, genera técnicas como: el “Scroll infinito” haciendo que nunca lleguemos al final de red, “loot boxes” (cajas de botín, objetos virtuales en videojuegos, adquiribles con dinero real o virtual, que contienen recompensas aleatorias: artículos, mejoras, aspectos o personajes. Funcionan como "paquetes misteriosos" donde el contenido se desconoce hasta abrirlo, generando incertidumbre similar a las apuestas y fomentando compras compulsivas), “rachas” (Streaks), esto es premiar el inicio de sesión diario para no perder el progreso, obligando a la continuidad; y “recompensas variables”, estímulos constantes que liberan dopamina, impulsando la repetición de acciones.

La demanda presentada por el joven de 19 años K.G.M. y otros demandantes afirma que las plataformas diseñaron sus algoritmos y funciones para generar adicción, lo que causa problemas de salud mental como ansiedad, depresión y trastornos de imagen corporal. En otras palabras, volvimos a las raíces, casino, chismes y cabaret, solo que esta vez habilitamos permisos para menores. No se trata de satanizar las aplicaciones, no, simplemente no todas son lugares para niños y adolescentes.

Robert Downey Jr. expresó sobre su historia: “Recuerda que solo porque hayas tocado fondo, no significa que tengas que quedarte allí”.

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