Por Juan Augusto Roa. El Paraguay adquirió gran protagonismo en materia de deportes acuáticos a nivel mundial gracias al excelente escenario que ofrece el embalse del río Paraná. Este recurso natural, sin embargo, no recibe el cuidado adecuado de las autoridades.
El gran embalse que presenta el río Paraná, sumado a la infraestructura que ofrece la ciudad y la visión de quienes promovieron este recurso como escenario para deportes a nivel mundial sin dudas ha dejado un impacto altamente positivo para la ciudad y para el país.
Llevaron a Paraguay a cobrar un gran protagonismo a nivel mundial en materia de deportes acuáticos. Campeonatos de velerismo, competencias de natación en aguas abiertas, entre otros, tienen aquí un escenario perfecto.
Esta maravilla de la naturaleza, sin embargo, tiene un “patio trasero” del que se habla poco, y del que se ocupan menos. Un aspecto poco agradable y nada recomendable en términos de salud pública.
Son los subembalses de los arroyos que rodean a la ciudad, convertidos en pestilentes cursos de agua que descargan en el otrora rumoroso río Paraná.
En el año 2021 los municipios de Encarnación y Cambyretá habían disparado la alarma con una denuncia sobre la crítica situación de contaminación en que se encuentra el sub embalse conformado por los arroyos Potï-y y Kuri’y.
La iniciativa motivó la intervención de una unidad de la Fiscalía del crimen especializada en temas ambientales, pero más allá de una presencia para la foto, no se supo de resultado alguno. Pasaron cuatro años de aquello, y la situación va de mal en peor.
La situación del embalse no es nueva. Es un tema que vino mal barajado desde un principio, cuando no fueron observadas ciertas condiciones técnicas, como por ejemplo la profundidad mínima que debe tener el curso de agua para mitigar las consecuencias de la menor capacidad de escurrimiento.
Si a esto sumamos la inconsciencia de quienes convierten el subembalse en vertedero de basuras de todo tipo, desde descargas de aguas negras hasta neumáticos usados, la situación se vuelve catastrófica.
En el centro de la controversia está la Entidad Binacional Yacyretá (EBY). Empresa pública integrada por Paraguay y Argentina que transformó la vida del río y de todo su entorno.
Y si bien todos somos responsables del cuidado de este recurso, a la EBY le toca la principal responsabilidad en el cuidado de este recurso. Al fin y al cabo, el agua es su principal materia prima en el negocio de producir electricidad.
La actuación de los responsables del organismo, sin embargo, no está a la altura de las circunstancias. El subembalse del Potï-y agoniza, pero desde sus cómodos escritorios miran para otro lado, y no se dan por enterados.
Esta crítica situación ambiental desnuda también la falta de protagonismo y liderazgo de los actores sociales que ejercen representación pública por el departamento de Itapúa. Guardan un cómplice silencio ante un desastre ambiental en ciernes.


