Opinión

Es mejor creer en Melchor, Gaspar y Baltasar

Vivimos en una era de escepticismo orgulloso. Nos jactamos de nuestro pensamiento crítico (asistido en muchos casos por altas dosis delirantes de Cha…

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Vivimos en una era de escepticismo orgulloso. Nos jactamos de nuestro pensamiento crítico (asistido en muchos casos por altas dosis delirantes de ChatGPTcomo sponsor), de no creer en mitos antiguos y de haber superado las "fantasías" de la infancia. Sin embargo, cada enero, mientras los Reyes Magos se preparan para su viaje simbólico, miles de adultos "racionales" caen en una trampa mucho menos mágica: la creencia ciega de que un extraño en internet quiere regalarles dinero.

Es hora de admitirlo: es preferible creer en Melchor, Gaspar y Baltasar que creer en el phishing y la suplantación de identidad.

La ingeniería social moderna se ha convertido en una maquinaria psicológica de precisión. Como sugiere la visión antropológica de Yuval Noah Harari, el ser humano es un animal “hackeable”. Los ciberdelincuentes lo saben. No necesitan algoritmos complejos para vaciar tu cuenta bancaria; solo necesitan una buena historia. Y nosotros, hambrientos de validación y golpes de suerte, les abrimos la puerta digital de par en par.

La paradoja es brutal. Desconfiamos de la tradición inocente que nos pide dejar los zapatos bajo el árbol, pero confiamos ciegamente en un correo electrónico que dice "Urgente: su cuenta ha sido bloqueada" o en un mensaje de WhatsApp que promete un iPhone por pocos guaraníes. Hemos cambiado la ilusión de la generosidad desinteresada por la codicia de la recompensa inmediata.

En estas fechas, los ladrones de datos se disfrazan mejor que cualquier rey mago. Utilizan la urgencia ("oferta expira hoy"), el miedo ("acceso no autorizado") y la curiosidad para secuestrar nuestra amígdala cerebral y anular nuestro juicio.

Por eso, mi propuesta es radicalmente conservadora: volvamos a creer en los Reyes Magos.

Creer en los Reyes implica aceptar una ficción consensuada que trae alegría, unión familiar y, a lo sumo, un regalo que no te gusta. Creer en el ciberfraude disfrazado de "premio" implica perder la identidad, el dinero y la tranquilidad. La tradición nos pide fe; la estafa nos pide datos.

Mantengamos el escepticismo donde corresponde: en la pantalla del celular. Y guardemos la inocencia para la noche del 5 de enero. Si algo suena demasiado bueno para ser verdad en tu bandeja de entrada, es mentira. Los únicos que traen regalos sin pedir el número de tu tarjeta de crédito, siguen viajando en camello.

Christopher Paolini expresó: “la magia es la capacidad de pensar; no es cuestión de fuerza, ni de lenguaje”.

Miguel Ángel Gaspar

+595 981 573157

X: @MigueGaspar

miguel.gaspar@tekhnos.com

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