La central hidroeléctrica de Itaipú, con sus 20 unidades generadoras de 700 MW cada una, alcanza una potencia instalada de 14.000 MW. Sin embargo, la estructura de la represa cuenta con un espacio físico reservado después de los vertederos, que permite la instalación de dos turbinas adicionales sin modificaciones mayores en la obra civil principal.
Esta ampliación, equivalente a un 10% más de unidades, agregaría 1.400 MW de capacidad, aprovechando tecnología moderna que podría elevar aún más el rendimiento por turbina.
El director general brasileño de Itaipú, Enio Verri, ha confirmado que existe viabilidad técnica para esta expansión, impulsada por el creciente consumo paraguayo, motivado en gran parte por data centers e inteligencia artificial.
Aunque requiere estudios detallados de impacto ambiental, social y económico, así como un acuerdo político binacional, la posibilidad ya está en evaluación activa.
Combinada con la repotenciación de las 20 turbinas existentes —que podría llevar cada una de 700 MW a 900 MW o más—, Itaipú alcanzaría cerca de 20.000 MW de potencia total.
Este salto transformaría a Itaipú en la mayor hidroeléctrica del planeta una vez más, superando incluso a las Tres Gargantas en capacidad instalada efectiva. Para Paraguay, significaría acceso a miles de megavatios adicionales de energía limpia y soberana, sin necesidad de nuevas represas ni combustibles importados.
Esa potencia firme abriría las puertas a industrias de alto consumo energético: plantas de producción intensiva, centros de datos globales, minería digital responsable y manufactura avanzada.
El país dejaría de limitarse a vender excedentes y pasaría a consumir su cuota plena, atrayendo inversiones multinacionales que exigen suministro abundante, barato y renovable. Empresas tecnológicas de nivel mundial —como las que operan servidores para IA— buscarían ubicarse aquí, generando empleo calificado, transferencia tecnológica y royalties fiscales.
El círculo virtuoso sería evidente: más demanda interna justifica la expansión, que a su vez atrae más inversión, elevando el PIB y la formalidad económica. La decisión no es solo técnica, sino estratégica.
Con el Anexo C revisado y mayor control paraguayo sobre la energía, el momento es propicio para avanzar. Las dos turbinas extras no representan un lujo, sino una oportunidad histórica: un 10% adicional que multiplica exponencialmente el potencial de desarrollo.
Paraguay tiene el recurso natural, la infraestructura preparada y la demanda creciente. Solo falta la voluntad política para convertir esa posibilidad en realidad, posicionando al país como hub energético regional y atrayendo la industria del futuro.
(*) César Addario Sojancic: economista, analista de La Tribuna y asesor económico del presidente de El Salvador, Najib Bukele.


