Opinión

Del Excel al corazón: cómo leer al votante más allá de los números

En Paraguay seguimos atrapados en una ilusión cómoda: creer que el votante es racional. Que si le mostramos encuestas, cuadros comparativos y un buen…

| Por Nahuel Ayala

En Paraguay seguimos atrapados en una ilusión cómoda: creer que el votante es racional. Que si le mostramos encuestas, cuadros comparativos y un buen plan de gobierno, elegirá “lo mejor”. Pero, como advierte Bryan Caplan, la gente no vota como un economista: vota como hincha. El voto es identidad, pertenencia, revancha, miedo, esperanza. No una planilla de Excel.

Las encuestas en Asunción son clarísimas: la gente pide calles transitables, seguridad en el barrio, recolección de basura, desagües que funcionen, menos corrupción, una oposición unida y liderazgos nuevos. Todo eso está medido, tabulado y graficado. Cualquier candidato mínimamente serio hoy maneja esos datos. El problema es que muchos se quedan ahí, en el diagnóstico, creyendo que con repetir “yo sé cuáles son tus problemas” alcanza para ganar.

Ese es, justamente, el mito del votante racional aplicado a nuestra política: suponer que el elector premia al que mejor entiende la encuesta o el plan técnico. En realidad, la mayoría decide con el estómago y luego justifica con la cabeza. No le basta saber que vas a tapar baches; necesita imaginarse caminando sin miedo, sintiendo que su barrio importa, que alguien “como él” finalmente llegó a la Intendencia.

Por eso, aunque un candidato tenga la radiografía perfecta de las necesidades ciudadanas, está perdido si no logra traducir cada dato en una emoción movilizadora: orgullo de ciudad limpia, alivio de no inundarse más, indignación canalizada contra los corruptos, esperanza de un cambio posible y cercano, no abstracto.

La oposición, en particular, comete seguido el error de hablarle solo al votante racional que casi no existe: discursos técnicos, guerras de egos, cero relato común. Mientras tanto, el oficialismo, con todos sus defectos, suele entender mejor la gramática emocional del electorado.

La conclusión es dura, pero simple: conocer las encuestas es condición necesaria, no suficiente. El candidato que no comprenda el mito del votante racional, y no convierta esas necesidades en historias, símbolos y resultados que se sientan en la piel, no tendrá chances reales de ganar, aunque tenga “los números” de su lado. Relato, mata dato, punto.

También te puede interesar

Últimas noticias