Lo que piden los agricultores es que con intervención del Estado se configure un mecanismo de control que permita de alguna manera establecer cierto equilibrio en el juego de intereses entre el sector primario y el industrial.
Apuntan a una regulación de precios con base a las variables de costos en la cadena de producción e industrialización de la yerba mate, a través de un mecanismo en el cual participen ambos sectores, el primario y el industrial, con el Estado como árbitro.
A primera vista, conceptos como “intervenir”, “regulación de precios” se sitúan en las antípodas de una regla sacrosanta del “libre mercado” que es la ecuación oferta-demanda.
Si bien es cierto que en una economía de “libre mercado” una regla básica es que los precios de bienes y servicios se determinan por el juego de la oferta y la demanda, no es menos cierto que en determinados casos este “libre juego” puede estar dominado por un reducido grupo de empresas, y controlar ese mercado.
Esto es lo que se conoce como oligopolio. Cuando un reducido grupo de empresas colabora entre sí para controlar el mercado, fijar precios y hasta crear falsa escasez reteniendo productos con el objetivo de elevar los precios.
Algo de esto aparentemente está sufriendo el sector primario yerbatero, que viene experimentando una caída en picado en la cotización de la materia prima.
Si en una economía de libre mercado las operaciones se dan mediante acuerdo libre y voluntario entre comprador y vendedor, el escenario que se presenta para los productores dista mucho de ese ideal.
En la actual coyuntura tiene dos caminos: o entregar su producto al precio que le imponen los secaderos, o directamente no cosechar su yerba. Durante el presente año algunos incluso tomaron una tercera vía, extrema, de destruir sus plantaciones de yerba y destinar esas tierras a otros rubros.
Conviene puntualizar que la yerba mate es, por lejos, un rubro agrícola más para nuestro país. Es el sustento económico de miles de familias campesinas. Su identificación y arraigo con el pueblo se pierde en la nebulosa de los tiempos de nuestra historia, de nuestra cultura, como fuente de alimentación, como bebida social.
La yerba mate es un rubro estratégico para la economía nacional y como tal requiere de políticas de Estado en sintonía con dicha condición. No vale lavarse las manos con argumentos de manual de economía.










