Opinión

Del dato al destino: cómo sostener el relato del empleo

Nahuel Ayala

| Por Nahuel Ayala
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Algunos referentes de la economía entran por otra puerta: medio país vive al borde de la pobreza, un aumento del 20% en alimentos puede devolver a miles a la indigencia, la informalidad y un sistema tributario regresivo trasladan la pobreza de los niños a los adultos mayores. Es el contrarrelato: sin salud, educación y protección social sólidas, el crecimiento se vuelve frágil.

Parte de la prensa enfatiza los récords de empleo y la caída del desempleo, reproduciendo el mensaje oficial de que se “superan marcas históricas”. Los medios más críticos amplifican el segundo ángulo desde la desconfianza: ponen bajo sospecha las cifras, hablan de deuda con proveedores, de déficit que se acumula y de una gestión que “maquilla números” mientras se retrasan pagos y se discute el tope fiscal. Donde el Gobierno habla de “camino sin retorno”, ellos hablan de “maquillaje” y “estrategia fiscal”.

La hoja de ruta para sostener el frame oficial no es negar ese diagnóstico, sino absorberlo. Primero, mantener el corazón del relato en la palabra “oportunidad”: cada dato debe ir acompañado de una historia concreta de trabajador, mujer o joven que salió de la informalidad. La gente recuerda escenas, no cuadros estadísticos.

Segundo, integrar la crítica al propio guión: reconocer que la mayoría de los trabajadores pobres sigue sin cobertura y fijar una “década de la formalización”, donde empleo, IPS y protección social se cuenten como una sola política, no como programas dispersos.

Tercero, bajar el debate fiscal a la vida cotidiana: menos discusión técnica sobre porcentajes de déficit, más explicación simple de qué obra, qué escuela o qué puesto de salud se financia o se frena con cada decisión. El mismo número puede percibirse como ajuste o como cuidado responsable, según cómo se relate.

Si el Gobierno alinea su relato de empleo con una agenda creíble de salud, educación y protección social, la crítica dejará de pegar por “insensibilidad” y pasará a discutir ritmos y herramientas. Ese es el frame a preservar: un Estado que no promete milagros, pero muestra crecimiento que se siente en el bolsillo y en la dignidad de la mayoría.

Los medios deben ser críticos, pero al igual que la ciudadanía, somos todos responsables de que se generen y activen políticas públicas que mejoren el país.

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