Opinión

Job Hopping, ¿una moda o un estilo de vida?

Eugenia Peroni (*)

| Por La Tribuna
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“Cuando necesito una persona estratégica, con habilidades emocionales y manejo de equipo, que permanezca en el cargo, busco alguien de 30 años o más. Cuando necesito alguien proactivo, creativo, con habilidades tecnológicas y mucha energía, contrato jóvenes de unos 20”.

Me llamó la atención cuán definidos estaban esos perfiles y comencé a observar lo que ocurría en otras empresas -incluida la mía-. Si bien no se cumple estrictamente la regla de la renuncia temprana, es más común que los jóvenes menores de 30 cambien de trabajo con frecuencia. Pude notar, además, lo que mencionaba el CEO: la Generación Z parece tener menos miedo y prejuicios a la hora de tomar decisiones o asumir desafíos, aunque también se aburre con mayor facilidad en los días en que no hay grandes aprendizajes.

Intrigada por el tema -no solo por mi interés profesional en comprender qué tipo de oferta debe generar el sistema educativo, sino también porque mis propios hijos eventualmente saldrán al mercado laboral-, recurrí a algunas investigaciones.

Según una encuesta de Robert Half (2023), el 75% de los jóvenes de entre 18 y 34 años cree que cambiar de trabajo en poco tiempo puede traer beneficios. Entre los 35 y 54 años, esa cifra baja al 59%, y solo el 51% de los mayores de 55 considera positivo el cambio, siempre que no sea tan frecuente.

Inicialmente pensé que cambiar de empleo con tanta frecuencia era algo malo, producto de la baja tolerancia y el escaso manejo de la frustración. Sin embargo, descubrí que la realidad es más compleja. Entre las causas más mencionadas aparecen:

La búsqueda de equilibrio entre la vida personal y laboral, donde el trabajo no ocupe el 80% del tiempo o, al menos, sea flexible; el desajuste de habilidades entre lo que enseña el sistema educativo y lo que demanda el mercado; la ambición por desarrollarse profesionalmente y aprender nuevas competencias, Una lealtad menor hacia las empresas y mayor hacia los intereses personales y el bienestar; Menor tolerancia a la disconformidad y a los entornos poco motivadores.

Aunque estos puntos pueden parecer negativos desde la perspectiva de algunas empresas, lo cierto es que estos jóvenes están transformando la percepción tradicional de la movilidad laboral.

El decano de Stanford, John Neil, señala que cuando los jóvenes cambian de trabajo por razones bien analizadas, desarrollan diferentes tipos de habilidades profesionales. Por eso, en las etapas iniciales de sus carreras, esa movilidad no solo es comprensible, sino esperable.

Ante este escenario, tanto las familias como el sistema educativo tienen un papel clave, pero también las empresas.

Como menciona Ignacio Zamora, de WeWork, “para enfrentar este fenómeno, es crucial que las organizaciones entiendan la importancia que el equilibrio vida-trabajo representa para las personas”, ofreciendo así mayor flexibilidad y beneficios.

Finalmente, este nuevo perfil que hoy se abre paso en el mercado laboral es también producto de una historia educativa, tecnológica y cultural que evoluciona a pasos acelerados. Quizás no se trate de una moda pasajera, sino de un nuevo estilo de vida profesional.

*Mag. en Política Social & Esp. en Montessori Consultora en Educación, Fortalecimiento Institucional y Desarrollo de Programas

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