Opinión

Quién encuadra a quién, medios, política y algoritmos

En el ecosistema digital, el encuadre dejó de ser una decisión editorial: hoy es un proceso automatizado que define y jerarquiza lo que vemos. Los al…

| Por Nahuel Ayala

En el ecosistema digital, el encuadre dejó de ser una decisión editorial: hoy es un proceso automatizado que define y jerarquiza lo que vemos. Los algoritmos, orientados a captar atención, favorecen lo emocional y negativo porque genera más interacción; el sensacionalismo desplaza lo complejo. Antes, elegir un diario implicaba asumir un sesgo. Ahora cada usuario habita un canal personalizado y cree que los demás ven lo mismo. Esa ilusión de consenso alimenta burbujas que reducen la exposición a ideas desafiantes. El “filtro burbuja”, descrito por Eli Pariser, es el aislamiento por personalización: dos personas ya no obtienen idénticos resultados ante la misma consulta.

Este entorno funciona como “agenda” algorítmica: eleva ciertos temas y silencia otros, y hace creer que “eso” es lo que piensan los demás. Cuentas falsas, bots y métricas visibles distorsionan la percepción de respaldo social.

Los medios, presionados por la economía de la atención y la publicidad programática, internalizan esa lógica. El clickbait premia el tráfico aunque empobrece la agenda; el mismo diseño que sirve anuncios a medida retiene al lector confirmando sus sesgos.

La política aprendió rápido: del microtargeting al relato a medida. Las plataformas construyen “dobles” conductuales y segmentan mensajes con precisión. Cambridge Analytica exhibió cómo la extracción masiva de datos y la personalización explotaron sesgos para mostrar realidades paralelas.

También se fabrica apoyo: con cuentas apócrifas y bots se amplifican mensajes incendiarios y se montan eventos, creando mayorías imaginarias que alteran percepciones y decisiones.

Las respuestas existen —más transparencia en publicidad política, límites y trazabilidad—, pero son incipientes ante una economía basada en la opacidad del algoritmo y la segmentación extrema.

En suma: encuadrar bien en la era algorítmica exige cruzar burbujas, explicar procesos y disputar la agenda con narrativas de interés público. No es viralizar más, sino encuadrar mejor.

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