Opinión

¿Por qué se casan los paraguayos?

Días atrás fue noticia la celebración masiva de matrimonios por oficiales del registro civil en un lugar público, regularizando uniones de hecho, com…

| Por Catilina
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Días atrás fue noticia la celebración masiva de matrimonios por oficiales del registro civil en un lugar público, regularizando uniones de hecho, comúnmente conocidos como concubinatos.

Eventos de esta significación son siempre motivo de morbo, no solo porque no son frecuentes sino además porque aborda un asunto, el del matrimonio, que en nuestra sociedad tiene connotaciones mixtas: el de una celebración, sí, pero también el de una suerte de abatimiento, sobretodo en los hombres, ante una libertad “que se pierde”.

Porque digámoslo sin vueltas: casarse es, para los paraguayos, más una concesión que una afirmación de una voluntad firme de unir establemente su vida a una mujer.

¿Por qué nos cuesta casarnos a los paraguayos? O, mejor, ¿por qué luego nos casamos?

La primera pregunta tiene una respuesta evidente: en los países de hondas raíces católicas el casamiento va unido a la idea de permanencia, de inalterabilidad. El “para siempre” asusta a todo el mundo, pero más en culturas en la que al lado del “para siempre” está la promesa del cielo o del infierno.

Y ya me dirán que los tiempos han cambiado y que ya no le tenemos respeto a esas amenazas escatológicas, pero no es cierto: en el fondo, muy en el fondo, esa vocecita interior, cúmulo de siglos de tradición, está ahí y no la acalla nadie. Quinientos años de un modo de ver y entender el mundo no se extinguen en 2 generaciones, ni aquí ni en ningún lugar habitado por seres humanos.

Si a eso sumamos nuestro rasgo de identidad “mestizo” hecho a partir del masivo y, según algún que otro historiador, escandaloso (por las formas) cruzamiento entre ibéricos y nativos, sumado a la tragedia de la Guerra Grande que nos despobló de hombres y obligó a los que quedaron a “prodigarse” para dar hijos al Paraguay (que los necesitaba), está claro que ni por convicciones religiosas, ni por ancestrales prácticas demográficas la figura del matrimonio y sus consecuencias gocen de “prestigio social” entre los hombres de este país.

Y, sin embargo, nos seguimos casando.

El Estado paraguayo quiere que nos casemos. Siempre quiso y lo sigue queriendo. Por eso organiza bodas masivas y por eso estimula por activa y por pasiva que lo hagamos. Y la razón es muy simple: asegurar su supervivencia.

Me explico: el matrimonio trae consigo responsabilidades, o, lo que es lo mismo, consecuencias que constituyen un incentivo poderoso a la estabilidad. Quien se casa tiene una familia que sostener, tiene un comportamiento que cuidar, tiene un rol social que cumplir con expectativas que se suscitan sobre él y que el ojo inmisericorde de “la sociedad” ni olvida, ni pretende hacerlo. Este cúmulo de cosas ralentizan el ímpetu natural de los hombres, haciéndolos más precavidos, más predecibles y menos propicios a rebeliones, levantamientos o protestas violentas que desestabilicen a la autoridad.

Que un hombre tenga una familia y forme un patrimonio dentro de un matrimonio lo doméstica.

Pero las políticas públicas no bastan para explicar del todo por qué nos seguimos casando los paraguayos pese a la poderosa historia que arrastramos para no hacerlo. ¿Cuál es la pieza que falta? Pues aunque cursi suene, el amor a nuestras mujeres. Porque aunque toscos, somos románticos a nuestra manera.

Por increíble que parezca, los que nos casamos lo hacemos, también, porque queremos a nuestras esposas y la más solemne prueba de amor que nos han enseñado siglos de formación en la afectividad es “ofrecerse en matrimonio” a ellas.

Así, el matrimonio es la prueba de amor definitiva de los hombres en el Paraguay. El testimonio más simple, pero contundente de que amamos a nuestras mujeres al punto de entregarnos a ellas en holocausto ante un altar público y en una ritual masivo.

Y es que, en definitiva, el matrimonio en el Paraguay es algo que el hombre hace por su esposa porque, aquí, el “cazado” es él y no al revés.

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