Se acaba de disputar el Campeonato Mundial de Atletismo en Tokio, considerado el evento cumbre del deporte individual a nivel global. La organización estuvo a cargo de la World Athletics (antes conocida como Federación Internacional de Atletismo, IAAF).
En atracción y movimiento económico, se ubica entre los principales espectáculos del mundo, comparable con un Mundial de fútbol, por la calidad de sus protagonistas y las cifras que maneja. Los premios ascendieron a 70.000 dólares para los ganadores de medallas de oro, 35.000 para los de plata y 22.000 para los de bronce. Además, se otorgaron 100.000 dólares adicionales por cada récord mundial.
A esta cita, tradicionalmente lejana para Paraguay, asistió el atletismo nacional con dos destacados representantes: Lars Flaming, reciente campeón panamericano juvenil en Asu 2025, y César Almirón, oro continental adulto este mismo año en Mar del Plata.
Ambos se midieron con verdaderos colosos del atletismo, como el jabalinista de Trinidad y Tobago Keshorn Walcott, ganador con un lanzamiento de 88,16 metros, su mejor registro desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde obtuvo la medalla de oro. También con figuras como Noah Lyles, quien conquistó en Tokio su cuarto título mundial consecutivo en los 200 metros.
En ese contexto, Lars Flaming registró un lanzamiento de 79,07 metros, equivalente al 97 % de su mejor marca de la temporada y muy próximo a su récord sub-23 de 81,51 metros logrado en Asu 2025. Por su parte, César Almirón corrió los 200 metros en 20,92 segundos, con una aproximación del 97 % a su récord nacional (20,41) y del 98 % respecto a su mejor marca del año (20,50).
Los números muestran que ambos estuvieron muy cerca de su máximo rendimiento, aunque es habitual que en competencias de exigencia como un mundial no siempre se logren los registros ideales. La mayoría de los atletas estuvo por debajo de sus mejores marcas, y en el caso de los paraguayos también influyó el jet lag, un factor que no es mito, sino una realidad que afecta el desempeño.
Es evidente que el nivel del Mundial está todavía lejos del alcance del atletismo paraguayo. Incluso para Flaming y Almirón, nuestros mejores exponentes, la brecha con los astros de sus especialidades sigue siendo amplia, aunque hoy menos que en el pasado.
La conclusión es clara: Paraguay cumplió. No corresponde pedir más ni exigir metas imposibles a quienes, en esta cita cumbre, fueron dignos embajadores del país.


