Opinión

¿Vidas paralelas? Un debate necesario

Por Eugenia Peroni*

| Por La Tribuna

Consecuencias visibles

El impacto es amplio y se manifiesta en distintos niveles:

• Menor tolerancia a la frustración, alimentada por algoritmos que nos muestran solo lo que queremos ver.

• Trastornos de ansiedad y depresión, vinculados al aislamiento y la reducción de vínculos reales.

• Limitación en la calidad de aprendizajes, al reemplazar actividades desafiantes por consumos instantáneos.

• Autoestima en riesgo, frente a vidas “perfectas” que circulan en la pantalla o la necesidad de filtrar la propia identidad.

• Deterioro de la salud física, consecuencia del sedentarismo.

• Dificultades de concentración, provocadas por el bombardeo constante de información.

La paradoja cotidiana

El contraste es evidente: mientras buscamos en Instagram la mejor academia de fútbol para nuestros hijos, ellos nos esperan frente a nosotros, reclamando atención. Les exigimos buenos resultados en la escuela, pero el propio sistema educativo aún no logra adaptarse a los intereses y necesidades globales. Y bajo la premisa de que “deben manejar tecnología”, dejamos que las pantallas se conviertan en su principal forma de vinculación, donde dejar a alguien en visto es tan común como respirar y donde los valores se reducen a un clic.

La experiencia de Finlandia

La falta de límites, muchas veces supeditada al cansancio o al humor del momento, deja un vacío en la formación de niños y adolescentes. Hasta que algo ocurre. O hasta que una investigación científica enciende la alarma.

Eso pasó en Finlandia, país reconocido por su sistema educativo innovador. Allí, tras implementar el programa “sin celulares en las escuelas”, los resultados sorprendieron: en apenas un mes, los adolescentes volvieron a interactuar cara a cara, los debates en clase resurgieron y los tiempos de concentración mejoraron significativamente.

Habilidades en riesgo

La experiencia invita a reflexionar. Si hablamos de objetivos de desarrollo de un país, o del desarrollo emocional y cognitivo de las personas, no podemos ignorar cómo el uso indiscriminado de dispositivos móviles afecta directamente estas metas.

Las llamadas “habilidades del siglo XXI” —trabajar bajo presión, manejar la frustración, desarrollar pensamiento crítico y analítico— requieren justamente lo que hoy se está perdiendo: la capacidad de convivir, dialogar, concentrarse y perseverar.

Un desafío para Paraguay

Entonces, la pregunta es inevitable: ¿deberíamos plantearnos limitar el uso de dispositivos en Paraguay? ¿Estamos en el camino correcto o estamos perdiendo una oportunidad de oro para formar ciudadanos más fuertes, críticos y saludables?

Las reglamentaciones sobre artefactos, insumos y prácticas que generan adicción o afectan el desarrollo integral de una persona deben ocupar un lugar prioritario en la agenda nacional. El debate sobre el uso de celulares y redes no solo debe estar en el escritorio de los parlamentarios, sino también en la mesa de cada hogar.

Porque mientras no lo hagamos, seguiremos permitiendo que niños y adolescentes vivan en vidas paralelas, desconectados de lo esencial: de ellos mismos, de sus familias y de la sociedad.

*Mag. En Política Social & Esp. en Montessori Consultora en Educación, Fortalecimiento Institucional y Desarrollo de Programas

También te puede interesar

Últimas noticias