Error atómico

Bruno Vaccotti Ramos.

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Fake

Hagamos un poco de historia: en 2022, una empresa británica firmó con la ANDE un contrato para reservar de potencia de Itaipú y levantar en Villeta la mayor planta de fertilizantes verdes del mundo. Cuatro años después, lo único levantado en el terreno es un cartel que dice “Atome Paraguay”. Esto no lo dice este humilde escritor, lo dijo el mismísimo presidente de la ANDE.

La mecánica del espejismo es de manual. Con bombos y platillos anunciaron una inversión de USD 665 millones, suman credenciales fantásticas, se cotiza en la Bolsa de Londres y se vive de la narrativa. Mientras tanto, la fecha de inicio de obras se va moviendo como esa dieta que decimos que vamos a arrancar el lunes: enero de 2025, junio de 2025, enero de 2027 y por último, allá en el lejano 2029. Cuatro adendas, solicitaron aumento de potencia, aunque tenían cero kilovatios consumidos.

Lo que sorprende es lo poco que se habla de que la potencia reservada se paga. La ANDE contrata por adelantado en Itaipú la energía que Atome prometió usar, y ese costo lo absorbemos todos los paraguayos. Por eso el ultimátum del 30 de septiembre: depositar una garantía de USD 40 millones o el contrato se anula. Sumemos otros USD 45 millones adeudados por las prórrogas sucesivas. Atome no pagó y, según contrato, esta garantía ya debía haberse pagado en 2022. ¿Por qué este proyecto siguió siendo el orgullo y el ejemplo durante cuatro años, si ni siquiera arrancó con lo mínimo que se requiere?

Luego de que no lograron sellar un trato espurio, llegan las amenazas. En septiembre notificaron al Estado paraguayo su intención de llevar el caso a un arbitraje internacional, amparada en el tratado bilateral con el Reino Unido. Para que se entienda: reservaron energía durante cuatro años, no construyeron nada, no depositaron la garantía y ahora pretenden que Paraguay les pague por las promesas que ellos mismos incumplieron.

En julio, la Bolsa de Londres suspendió la cotización de sus acciones porque la empresa ni siquiera presentó sus balances auditados: sin tarifa cerrada con la ANDE, los números no cerraban. Una empresa incapaz de auditar sus propios libros pretendía venderle al Paraguay certezas a quince años, con energía a USD 30 MWh, por debajo de la tarifa de la propia ANDE.

Los mineros de Bitcoin, tratados sistemáticamente como leprosos en el debate público, pagan por adelantado su potencia reservada, depositan garantías, construyen subestaciones y consumen las 24 horas. Eso es un cliente serio: firma, paga y construye. Los especulares hacen exactamente lo inverso: anuncian, postergan, tratan de tranzar y amenazan.

La lección va más allá de Atome. Paraguay tiene un activo que el mundo codicia: energía renovable y disponible hoy. Estos no serán los últimos piratas que se acerquen con cantos de sirenas, vamos a seguir recibiendo vendedores de futuro con presentaciones brillantes y números que no resisten una calculadora. El filtro es simple y no falla: quien viene de verdad paga la garantía, firma tarifa plena y construye. Quien viene a especular pide rebajas, prórrogas y cosas que no están en el papel.

Nuestra energía es real. Exijamos que los proyectos también lo sean.

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