Neneee, qué vas a hacer… Cuando seas grande!

Por: Mariano Nin

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Orientación vocacional

Lee el título cantando si querés.

Hay algo que se repite en miles de casas alrededor del país, y voy a tratar de explicártelo en una historia. Pedrito acaba de terminar el colegio. En su casa hay orgullo porque llegó hasta ahí. También hay preocupación porque ahora empieza otra etapa. Su mamá quiere que estudie, su papá empieza a sacar cuentas: hay matrícula, pasajes, materiales, una computadora, quizá años de esfuerzo familiar por delante.

Pedrito tiene que elegir una carrera, y como tantos jóvenes, probablemente escuchará consejos de todos lados: “estudiá Derecho, siempre hace falta un abogado”, “administración tiene muchas posibilidades”, “enfermería siempre tiene trabajo”.

Pero lo que Pedrito no sabe es que detrás de esa decisión personal hay una pregunta que podría marcar su destino: ¿qué necesita el país?

Hoy hay una buena noticia que deberíamos celebrar. Estamos estudiando más. De acuerdo con cifras oficiales del INE, la cantidad de paraguayos con más de 13 años de estudio pasó de aproximadamente 861.000 en 2022 a 996.000 en 2025. Es decir, en apenas tres años, más de 130.000 personas se incorporaron a ese grupo.

Eso es progreso, lo que celebramos. Significa que más paraguayos llegan a niveles educativos superiores. Pero como en todo, hay una segunda parte de la historia que preocupa. Estudiar más no necesariamente significa estudiar lo que el país necesita.

Y ahí aparece una contradicción que podemos estar construyendo sin darnos cuenta: cada vez tenemos más paraguayos con formación superior, pero seguimos concentrando buena parte de esa formación en carreras que ya producen grandes cantidades de egresados, mientras sectores estratégicos para el desarrollo necesitan desesperadamente más profesionales.

Mientras Pedrito piensa qué estudiar, el país ya sabe algunas cosas sobre lo que está ocurriendo. En 2024, por ejemplo, los datos que estamos analizando muestran alrededor de 3.200 egresados de Derecho, 2.000 de Enfermería y otros 2.000 de Administración.

Son miles de jóvenes que terminaron una carrera, familias que celebraron.

Miles de títulos que representan años de esfuerzo. Y no hay absolutamente nada malo en estudiar Derecho, tampoco en ser enfermero o administrador. El problema no está en las carreras, está en la concentración.

Mientras llenamos determinadas profesiones de nuevos egresados, hay otras en las que prácticamente estamos contando profesionales con los dedos. En Ingeniería Electromecánica, por ejemplo, la Facultad de Ingeniería de la UNA registró 48 egresados en 2024. En otras ramas de la ingeniería, las cifras también son muy pequeñas frente a las necesidades de una economía que pretende industrializarse, incorporar tecnología y atraer inversiones. Y ahí es donde Pedrito debería tener más información antes de elegir.

Al final, la decisión que hoy parece solamente personal puede terminar teniendo consecuencias para toda la economía. La diferencia no es solamente académica, es económica. Cuando una empresa mira a Paraguay como posible destino de una inversión, no pregunta únicamente cuánto cuesta la tierra, si la energía es barata o qué impuestos tendrá que pagar, pregunta simplemente: ¿tenemos gente preparada para trabajar?

Nos está faltando alinear mejor la educación con el país que queremos construir.

Y esto no significa decirle a Pedrito qué tiene que estudiar, sino darle las herramientas para que pueda decidir mejor.

Si un joven tiene vocación por el Derecho, que estudie Derecho, o si quiere ser enfermero, que sea un excelente enfermero. Pero también deberíamos decirle: “Si te interesa la tecnología, la ingeniería, la energía o la informática, hay un país que te necesita”. Es orientación vocacional.

Como país, necesitamos que un adolescente que está terminando el colegio pueda conocer cuáles son las profesiones que tendrán mayor demanda dentro de cinco, diez o quince años. Necesitamos información.

Más promoción de las ciencias, la tecnología, las matemáticas y la ingeniería.

Y necesitamos que las universidades escuchen mucho más al mercado laboral. Si no logramos convertir esos años de educación en productividad, innovación y empleo, estaremos formando más profesionales sin necesariamente estar formando el país que necesitamos.

Pero volvamos a Pedrito. El no solo debe encontrar una carrera, tiene que encontrar un lugar en el Paraguay del futuro. Si lo encuentra su estudio no habrá sido en vano. El gana… y todos ganamos.

Pero esa… es otra historia.

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