La camiseta de Paraguay

Pablo Noé. Jefe de Prensa de La Tribu 650 AM

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Opinión - matriz energética

Se juega el superclásico. Después del Mundial, que nos reunió alrededor de una camiseta, volvemos a discutir qué rival tiene más historia o más gloria. El fútbol nos devuelve a las divisiones, pero deja una pregunta: si pudimos unirnos detrás de un equipo, ¿podremos hacerlo ante un desafío para el país? Ese desafío es el futuro de la matriz energética.

Existe acuerdo sobre el diagnóstico. La demanda aumenta, la infraestructura necesita inversiones y la generación hidroeléctrica no alcanzará indefinidamente para sostener el crecimiento. Se mencionan alternativas, pero enumerarlas no equivale a construir una política de Estado. Paraguay debe reunir a sus mejores especialistas sin preguntar a qué partido pertenecen. Técnicos, universidades, sectores productivos y fuerzas políticas deben acordar qué modelo energético necesita el país.

Nuestros vecinos harán lo que les corresponde: defender sus intereses. Brasil buscará condiciones favorables para su economía y Argentina actuará conforme a sus necesidades. El error sería esperar que ellos construyan una estrategia conveniente para Paraguay mientras nosotros discutimos entre camisetas. Itaipú demuestra que la energía no es solo una cuestión técnica: también significa soberanía, empleo, desarrollo y capacidad de negociación. Mientras el consumo crece, se acerca el momento en que Paraguay ya no tendrá el mismo excedente hidroeléctrico para ceder. Lo que decidamos ahora condicionará nuestro futuro.

Con Lula ocurrió algo revelador. Sus declaraciones sobre la Guerra contra la Triple Alianza provocaron un rechazo compartido; cuando se anunció la intención de devolver el Cañón Cristiano, surgió una valoración favorable. Fuimos capaces de actuar como bloque en ambos casos. La pregunta es si podemos alcanzar esa misma unidad para pensar el futuro y no solo cuando reaccionamos ante las decisiones de otros.

El cambio de la matriz energética no puede convertirse en otro superclásico, con proyectos que comienzan y terminan según quién ocupa el poder. Necesitamos una estrategia que sobreviva a los gobiernos y defina cuánto necesitaremos, cómo lo produciremos y cómo lo utilizaremos para mejorar la vida de la gente. La discusión no puede limitarse a elegir una fuente de generación. Primero debemos acordar qué país queremos construir. La energía debe responder a nuestras necesidades de crecimiento, empleo, transporte y producción, no solamente a las condiciones de los mercados vecinos.

Un debate nacional no busca una opinión única. Hay decisiones que necesitan conocimiento, previsión y objetivos comunes. La política energética requiere pluralidad y acuerdos que sobrevivan a cada elección. En el fútbol podemos seguir discutiendo quién tiene más copas o la hinchada más fiel —sabiendo, por supuesto, que Olimpia es mejor—. Pero cuando hablamos de energía, desarrollo y soberanía, solamente existe una camiseta que debería importarnos: la de Paraguay.

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