Hoy, 16 de agosto, habrá juguetes, chocolates, festivales y fotografías de niños sonriendo. Durante unas horas volveremos a repetir que ellos son nuestro futuro. Es una frase hermosa, aunque quizás incompleta. Los niños no son solamente el futuro. Son, sobre todo, el presente. Y la manera en que viven hoy nos permite anticipar bastante bien el país que tendremos mañana.
Al cumplirse tres años del gobierno de Santiago Peña, la niñez ofrece una perspectiva interesante para mirar el momento que atraviesa Paraguay. Podemos hablar del crecimiento económico, del grado de inversión, de obras, empleo o reducción de la pobreza. Todo eso importa. Pero existe una pregunta más sencilla y, al mismo tiempo, más profunda: ¿es hoy mejor nacer y crecer en Paraguay?
Hay avances que deben reconocerse. Hambre Cero instaló la alimentación escolar como una de las principales políticas sociales del período. También existe una apuesta más decidida por la primera infancia y por ampliar espacios de atención integral en una etapa decisiva para el desarrollo.
La reducción de la pobreza general es otro dato que muestra una evolución favorable. Pero la realidad de la niñez sigue mostrando contrastes. Tres de cada diez niños y adolescentes paraguayos continúan viviendo en situación de pobreza, y ser pobre durante la infancia significa mucho más que tener menos dinero en la casa: implica comenzar la vida con mayores posibilidades de alimentarse peor, abandonar antes la escuela, acceder con más dificultades a la salud o crecer en entornos donde existen menos oportunidades para desarrollar plenamente las propias capacidades.
Por eso, quizás el desafío ya no sea solamente garantizar presencia. No alcanza con que un niño coma, necesitamos que se alimente bien. No alcanza con que esté matriculado, necesitamos que aprenda. No alcanza con que tenga una escuela cerca, necesitamos que esa escuela se convierta realmente en una herramienta de movilidad social. Y tampoco alcanza con mirar al niño dentro del aula. Muchos de los mayores riesgos que enfrenta la infancia ocurren fuera de ella: violencia, abuso, abandono, trabajo infantil o entornos familiares atravesados por múltiples vulnerabilidades.
La manera en que una sociedad mira a sus niños dice mucho sobre la idea de país que tiene. Cuidar la infancia no debería entenderse únicamente como asistencia ni limitarse a reaccionar cuando aparece una emergencia. Alimentar, educar, estimular durante los primeros años y proteger de la violencia significa crear condiciones para que cada niño pueda desarrollar plenamente sus capacidades.
Los tres años de gobierno muestran políticas que avanzan en una dirección importante. El desafío ahora es lograr que esos esfuerzos se traduzcan cada vez más en resultados concretos y sostenibles. Nuestro verdadero avance como sociedad podrá medirse cuando el crecimiento económico también se convierta en igualdad de oportunidades desde los primeros años de vida. Hoy volveremos a decir que los niños son el futuro. Quizás convenga corregir la frase: el futuro ya está sentado en nuestras aulas, jugando en nuestros barrios y creciendo dentro de nuestros hogares. Y el Paraguay que tendremos mañana depende, en buena medida, del Paraguay que estamos criando hoy.


