El sistema que funciona no tiene pureza ideológica

Por Nahuel Ayala- Gerente editorial de VMedia

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El sistema que funciona no tiene pureza ideológica

Capitalismo, socialismo, marxismo y comunismo suelen discutirse como cuatro camisetas rivales. No lo son. El marxismo interpreta la historia, el poder y la riqueza. El socialismo reúne corrientes que buscan control colectivo de la economía. El comunismo, en Marx, sería una sociedad sin clases, propiedad privada productiva ni Estado. El capitalismo organiza la producción mediante propiedad privada, inversión, trabajo asalariado y mercados.

Primer mito: todo Estado que cobra impuestos o presta salud pública es socialista. Falso. Puede regular y redistribuir dentro del capitalismo. Segundo: la Unión Soviética, la China de Mao o Cuba realizaron el comunismo descrito por Marx. Tampoco. Construyeron Estados de partido único y planificación central; el Estado no desapareció, se volvió dominante. Decir que “el comunismo nunca existió” es técnicamente defendible, pero no absuelve a los proyectos que intentaron alcanzarlo ni borra sus resultados.

Tercer mito: el capitalismo exitoso es el mercado sin límites. La experiencia dice lo contrario. Los países con mejores combinaciones de ingreso, salud, educación y protección social no aplican doctrinas puras. Funcionan con economías mixtas: propiedad privada y competencia para generar riqueza; Estado democrático, impuestos y servicios públicos para corregir abusos y contener la exclusión.

Los países nórdicos son el ejemplo habitual. No abolieron el capital: protegen la empresa, comercian e innovan. A la vez, sostienen una red social extensa y sindicatos fuertes. China aceleró su crecimiento al incorporar mercados e inversión privada, aunque bajo control autoritario. Son híbridos diferentes.

¿Qué funciona mejor, al margen de lo justo o políticamente correcto? La evidencia favorece al capitalismo regulado, con instituciones sólidas y protección social; no al laissez-faire ni a la planificación total. Su costo es alto: impuestos, burocracia profesional, disciplina fiscal, reglas estables y controles al poder económico. Conserva tensiones: desigualdad, concentración, precariedad y daño ambiental.

No existe el sistema gratuito. El mercado produce riqueza, pero no garantiza dignidad; el Estado puede corregir desigualdades, pero sin controles captura recursos y libertades. Lo más exitoso hoy no es una bandera: es un equilibrio ajustado entre iniciativa privada, democracia, capacidad estatal y límites para ambos poderes. El éxito se encuentra en lo colectivo y cultural, en el comportamiento de una ciudadanía que entienda que lo correcto se debe ejecutar por más que nos controlen.

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