Opinion

Manotazos de ahogado

Por Juan Augusto Roa (Encarnación)

| Por La Tribuna
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Manotazos de ahogado.

Metafóricamente hablando, el amparo constitucional promovido por una organización de vecinos y la Municipalidad de Encarnación contra la entidad binacional Yacyretá (EBY) y la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay SA (Essap) es como un manotazo de ahogado.

Los manotazos de una ciudad que se hunde, literal e irremediablemente, en aguas contaminadas de fétidos fluidos provenientes de un deficiente sistema de bombeo de la red cloacal, aquejado de obsolescencia y abandono por parte de la principal responsable de su cuidado y mantenimiento: la binacional Yacyretá.

El grito desesperado contenido en la acción de amparo no es nuevo. Ya se hicieron denuncias anteriormente sobre el calamitoso estado ambiental en que se encuentran los cursos hídricos que rodean a la “Perla del Paraguay”, una de las ciudades turísticas más importantes del país (si no la más importante), epicentro de eventos deportivos de nivel internacional, como el Rally Mundial de agosto próximo.

Hasta ahora no se conoce medida judicial alguna que deslinde responsabilidades y obligue reparaciones. Los reclamos siguen su lento derrotero por los sinuosos pasillos de la liturgia procedimental. Libreto eficaz cuando los operadores de justicia no quieren (mejor dicho, no se animan) llegar hasta el final del túnel.

Las condiciones en que se encuentran las aguas de los subembalses en torno a Encarnación no admiten excusas. Y mucho menos de la EBY, principal responsable del cuidado de la calidad del agua en su zona de afectación mientras dure la vida útil de la represa.

Si bien es cierto que existe un gran componente de irresponsabilidad ciudadana en este catastrófico estado de cosas, la binacional no puede desconocer que el deficiente funcionamiento de las estaciones de bombeo de efluentes cloacales es la principal causa de contaminación.

No puede excusarse con el argumento de que las bombas de drenaje ya cumplieron su vida útil y necesitan ser cambiadas. Esto jamás debió ocurrir. Nunca se debió esperar a que estas bombas dejen de funcionar para ser reemplazadas.

Un raquítico argumento para una empresa que genera multimillonarios recursos mediante la venta de energía eléctrica. Que mantiene un ejército de empleados públicos con injustificables salarios de primer mundo, en un país donde el ciudadano común, aquel que tiene la fortuna de contar con un empleo, debe sobrevivir y mantener a su familia con G. 117.077 por día (monto oficial que rige a partir de este mes).

La calamitosa situación que vive la ciudad de Encarnación, además de la amenaza ambiental y de salud pública que representa, se traduce en una absoluta falta de respeto a sus habitantes por parte de los responsables de la EBY y de la Essap. Un agravio inaceptable, que exige reparación inmediata.

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