Opinion

Líbranos de todo mal(ware), amén

Por Miguel Ángel Gaspar

| Por La Tribuna
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Líbranos de todo mal(ware), amén.

Cada noche, miles de paraguayos rezan para que nadie les vacíe la cuenta antes del mediodía. No lo dicen así, pero la lógica es la misma: instalan el homebanking, activan las notificaciones y confían el resto, el cifrado, la autenticación, la vigilancia del fraude, a una providencia que no cobra comisión, pero tampoco responde reclamos. Es una fe curiosa: sustituye el “líbranos del mal” por un “líbranos del malware”, y reza sin firewall.

La estadística no perdona a los devotos. En 2025, un grupo autodenominado Brigada Cyber PMC extorsionó al Estado exigiendo un dólar por cada uno de los 7,4 millones de ciudadanos cuyos datos decía poseer. En marzo de este año, el grupo Kairos golpeó al Instituto de Previsión Social y se llevó, según firmas de inteligencia de amenazas, dos terabytes de información sensible; en mayo cayó una aseguradora, en junio una industrial. El patrón es constante: ningún sector es “demasiado paraguayo” para el espionaje comercial y el chantaje.

Mientras tanto, en el llano, la epidemia tiene nombre de barrio: el phishing por WhatsApp que imita al banco, el SIM Swapping que vulnera la línea para robar la clave y esas transferencias por Sipap que, una vez enviadas, no vuelven.

El Banco Central ya alerta sobre plataformas ficticias que prometen rentabilidades imposibles. Y la Policía detuvo a un preso apodado “el hombre de las mil voces”, que, adulteraba cédulas para suplantar identidades y vaciaba cuentas por teléfono desde su celda: una ironía perfecta, porque el engaño es cada vez más hiperrealista y la prisión, cada vez más porosa.

Aquí conviene ser preciso: esto no es solo un problema de usuarios distraídos, ni de virus que “entran solos”. Es una responsabilidad compartida. Cuando un banco no detecta una operación anómala, una transferencia que rompe todos los patrones históricos del cliente, y no la frena a tiempo, también falla el sistema, no solo la víctima. La Justicia argentina ya obligó a una entidad financiera a restituir fondos por exactamente esa omisión. Paraguay debería tomar nota antes de que sea la Justicia local la que lo resuelva por sentencia, y no por diseño.

Las cooperativas están peor posicionadas todavía: el propio Incoop admite que buena parte del sector arrastra escasa formación digital y sistemas de supervisión apenas en modernización. Eso no es un detalle técnico: es una superficie de ataque completa, creciendo al ritmo de la inclusión financiera que tanto celebramos.

La solución no es mística ni heroica: autenticación por aplicación en lugar de SMS, monitoreo de anomalías en tiempo real, auditorías obligatorias y una ley de protección de datos que Paraguay sigue debiendo. Rezar puede ayudar al alma. Al saldo bancario lo protege otra cosa: ingeniería, urgencia y algo de vergüenza corporativa.

Don Bosco decía “Ora et labora”.

Amén.

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