La efervescencia mundialista, el espíritu nacionalista, las palabras de la propia vicepresidenta de la hermana república Argentina que trató de “piratas invasores” a los ingleses que ocupan hoy las Islas Malvinas, este cóctel de triunfalismo deportivo y reivindicación histórica, me lleva a plantear lo siguiente: la Argentina tiene mucho por devolverle al Paraguay.
Es que seamos sinceros, si es que vamos a hablar de lo que nos pertenece, el Paraguay tiene voz y voto en esta asamblea de simulación de patria y honor.
No quiero siquiera entrar a discutir si las Malvinas son argentinas o inglesas. Tengo mi opinión particular y me la reservo por autoderecho proclamado.
Pero sí me gustaría tomar este espíritu galopante, irrespetuoso de lo políticamente correcto, bravo en esencia y sin miedo ni tapujos para decir lo que siente desde lo más profundo del corazón. Es que, ¿qué somos sino un alma que siente arropada de carne y hueso? Un espíritu inquieto que se mueve al compás del idealismo.
Hermanos argentinos, hablemos de lo que nos pertenece. Es momento de poner sobre la mesa el as que llevamos hace tiempo y nos susurra que corresponde ganar la partida sin discusión.
Nos masacraron, junto a los brasileños y uruguayos. Se organizaron en un tridente del infierno para aniquilar nuestra nación. Intentaron con todas sus fuerzas exterminar la paraguayidad y solo lograron matar al 90% de los hombres, pensando que la tarea les había resultado eficiente. Pero se equivocaron, dejaron de lado que en nuestras venas no corre sangre, fluye heroísmo. Ese mismo que las mujeres paraguayas se encargaron de heredar generación tras generación. Hasta hoy.
Que en estas líneas le encuentra a un loco reclamando lo que nunca debimos dejar de gritar: nos robaron territorio, nos masacraron e intentaron eliminarnos del mapa.
¿Quieren recuperar las Malvinas? Es hora de que entonces sean suficientemente maduros para mirar al Paraguay a los ojos, pedir perdón por la sangre derramada y ofrecer el territorio que usurparon, en palabras de la vicepresidenta Villarruel, como piratas invasores.


