Se ponen de acuerdo: uno lanza un mensaje en redes a primera hora, el medio “amigo” lo convoca con gesto de sorpresa para “ampliar” y el político se legitima gracias al micrófono. El medio, mientras tanto, disimula la operación: presenta la agenda como si fuera descubrimiento propio. Luego entrega una versión sesgada; el aliado toma ese relato, lo amplifica y busca convertirlo en indignación ciudadana. No es información: es táctica.
No me interesa ser políticamente correcto. No me considero periodista; a lo sumo, un comunicador por inercia. Nunca haría “periodismo objetivo”: desde la elección del tema hasta el enfoque, todo parte de una construcción personal. Asumirlo te vuelve más libre. Por eso desconfío cuando un periodista repite como mantra “transparencia”, “oficio”, “hablar por todos”, “correr el velo de la verdad”. A veces suena menos a método y más a blindaje moral.
Mabel Rehnfeldt dedicó 13 minutos esta semana a una historia que ABC tituló: “Llamativa presencia de Ueno Bank entre los principales auspiciantes de evento en Estados Unidos”. Ahí se ve el manual del framing: encuadrar un hecho real (un logo y un patrocinio en una gala en Mar-a-Lago) como si fuera, por sí mismo, evidencia de una trama política. El sesgo aparece cuando la narración salta de “estuvo el banco” a “es imposible que no sea vía el máximo poder en Paraguay”, instalando a Santiago Peña como puente inevitable sin mostrar el eslabón causal.
Y cuando falta prueba, entra la falacia: culpa por asociación (Trump/Mar-a-Lago = poder oscuro), non sequitur (de presencia a intervención estatal), insinuación como argumento (“me comentaron que juega golf”, “yo presumo que pusieron muchísimo dinero”), y lenguaje cargado (“llamativa”, “los poderes se mezclan”) para guiar la conclusión. El cierre invita al público a “unir con flechas”: que la audiencia complete el salto lógico. Así se fabrica verosimilitud, no verdad.
El problema no es preguntar; es sugerir culpables antes de demostrar relaciones. Si la denuncia es captura de fondos públicos, el estándar es monto, origen, decisión administrativa y beneficio. Sin eso, queda propaganda con estética de investigación.


