El mundo que permitió a Paraguay crecer apoyado en la apertura comercial, la producción agropecuaria y la integración regional está cambiando. La competencia entre Estados Unidos y China, el debilitamiento del multilateralismo, la inteligencia artificial y la búsqueda de seguridad energética y alimentaria están modificando las reglas. Para Paraguay, el nuevo escenario encierra riesgos, pero también convierte algunas de sus principales fortalezas en activos de creciente valor.
Esa es una de las lecturas que surge de Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica, informe publicado en 2026 por la Comisión de la CEPAL sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo. El trabajo, convocado por el secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, fue elaborado por una comisión copresidida por la expresidenta chilena Michelle Bachelet y el expresidente colombiano Iván Duque.
La CEPAL identifica un cambio de fondo: la economía internacional está pasando de una lógica concentrada en la eficiencia hacia otra donde pesan cada vez más la seguridad, la resiliencia y el control de recursos estratégicos. Las cadenas productivas comienzan a reorganizarse y las grandes potencias utilizan comercio, inversión y tecnología también como instrumentos de influencia.
Ahí Paraguay tiene cartas para jugar.
Una de ellas es la energía. Según la Organización Latinoamericana de Energía (OLACDE), citada por el informe, Paraguay está entre los países de la región que generan prácticamente toda su electricidad mediante fuentes renovables. La CEPAL observa que la abundancia de electricidad limpia puede atraer actividades intensivas en energía, desde manufactura avanzada hasta procesamiento de datos e inteligencia artificial. Es el fenómeno denominado powershoring: trasladar producción hacia lugares donde existe energía limpia, segura, abundante y competitiva.
El desafío, visto desde Paraguay, sería transformar esa ventaja energética en producción dentro del país. La discusión deja entonces de limitarse a cuánta electricidad generan Itaipú y Yacyretá para pasar a otra pregunta: cuánto empleo, inversión, industria y conocimiento puede construirse alrededor de esa energía.
La segunda fortaleza aparece en los alimentos. La CEPAL, utilizando datos de la UNCTAD, señala que América Latina y el Caribe es la principal región exportadora neta de alimentos del mundo. Paraguay ocupa un lugar particularmente marcado dentro de ese perfil: en 2024, los alimentos representaron el 70% de sus exportaciones de bienes y servicios, mientras los servicios alcanzaron el 20%, las manufacturas el 15%, los combustibles el 11%, las materias primas agrícolas el 2% y los minerales y metales otro 2%.
El propio documento ubica a Paraguay, junto con Argentina, Brasil y Uruguay, entre las economías sudamericanas cuyas exportaciones están principalmente vinculadas a los alimentos. S2600175_es La oportunidad no consiste únicamente en vender más materias primas: la recomendación de la Comisión es desarrollar políticas productivas que incorporen innovación, tecnología, capacidades humanas, financiamiento e internacionalización para avanzar hacia actividades con mayor valor agregado.
Hay una tercera particularidad paraguaya. Mientras China ya es el principal destino de las exportaciones sudamericanas consideradas en conjunto, la CEPAL identifica a Paraguay, Argentina y Bolivia como excepciones porque su principal mercado de exportación es Brasil. S2600175_es Para una economía relativamente pequeña, la integración regional deja entonces de ser solamente una cuestión diplomática: es parte de su estructura económica.
El informe advierte que América del Sur mantiene un comercio intrarregional equivalente a apenas alrededor del 13% de sus exportaciones y atribuye parte del problema a las distancias, la geografía y las deficiencias de infraestructura de transporte. S2600175_es Para un país mediterráneo como Paraguay, mejorar corredores logísticos, pasos fronterizos, conexiones físicas y procedimientos comerciales adquiere así una dimensión estratégica.
Pero la CEPAL agrega una advertencia decisiva: tener recursos no garantiza desarrollo. Los activos solo producen resultados cuando existen estrategias capaces de convertirlos en productividad, innovación y empleo. Sin políticas claras, pueden permanecer como simples ventajas naturales.
En el caso paraguayo, el informe permite formular una agenda concreta: energía renovable convertida en industria, alimentos con mayor procesamiento, infraestructura que reduzca el costo de llegar a los mercados, integración regional y formación de capital humano para la nueva economía tecnológica.
La nueva geopolítica, por tanto, no necesariamente coloca a Paraguay en la periferia. Energía, alimentos y ubicación regional son precisamente bienes que ganan relevancia. La cuestión planteada por la CEPAL es qué hará cada país con ellos. En un mundo que vuelve a disputar recursos, cadenas de suministro y capacidad productiva, la ventaja ya no está solamente en tener lo que el mundo necesita, sino en transformarlo antes de exportarlo.


