La ganadería paraguaya atraviesa un escenario de fuertes contrastes. Mientras el criador recibe valores históricos por sus animales y comienza a retener vientres para reconstruir el hato, el invernador enfrenta una ecuación mucho más ajustada por la caída del dólar. A esto se suma una reducción importante de la faena y de las exportaciones, que puede representar una señal de recuperación productiva, pero también confirma la menor disponibilidad de ganado.
El consultor en inversiones ganaderas Miguel González explicó que el momento es “histórico en lo positivo” para el criador. El macho desmamante se comercializa alrededor de G. 23.000 por kilogramo, mientras que la hembra alcanza entre G. 21.000 y G. 22.000. Estos precios permiten retener animales después de varios años marcados por sequías, bajos valores y la necesidad de vender más cabezas para cubrir los costos de producción.
La situación es diferente para el invernador, que compra ganado en guaraníes y vende a la industria con una referencia expresada en dólares. Actualmente, el novillo se paga aproximadamente USD 5,20 por kilogramo al gancho, pero el fortalecimiento del guaraní reduce considerablemente el resultado final.
“Esos USD 5,20, con un dólar cercano a G. 5.900, equivalen a unos USD 3,95 de hace un año. La baja cambiaria ronda el 25% y repercute fuertemente en la economía del invernador”, señaló González.
Como ejemplo, mencionó un novillo de aproximadamente 500 kilos de peso vivo, capaz de producir una carcasa de 270 kilos. Aunque el precio internacional parezca atractivo, su conversión a guaraníes limita el margen del productor que previamente compró la hacienda y afrontó los gastos de alimentación, manejo y terminación.
Para González, el gran desafío es encontrar un equilibrio entre el criador, el invernador y la industria frigorífica. “Todos tienen que ganar, pero muchas veces cuesta y falta diálogo”, afirmó.
En los primeros ocho meses del año, la faena paraguaya cayó 20,5%, mientras que las exportaciones de carne disminuyeron 24,8% frente al mismo periodo del año anterior. Aunque los números pueden encender una alerta, el especialista considera que la menor extracción también podría constituir el inicio de una recomposición del hato.
Paraguay llegó a superar los 14,6 millones de cabezas entre 2014 y 2015, pero actualmente tendría alrededor de 12,9 millones. Esto representa una pérdida aproximada de 1,7 millones de vacunos en poco más de una década.
“La caída no comenzó hace cinco años. Viene desde 2014 o 2015. Si seguíamos al mismo ritmo, estábamos cerca de perder dos millones de cabezas”, advirtió.
El país proyectaba alcanzar más de 20 millones de vacunos entre 2020 y 2021. Sin embargo, ocurrió lo contrario: en lugar de aumentar, el rodeo retrocedió. González sostiene que Paraguay conserva las condiciones territoriales y productivas para mantener entre 20 y 23 millones de animales, pero necesita elevar su eficiencia reproductiva y evitar que la extracción supere a los nacimientos.
La escasez no es exclusivamente paraguaya. Estados Unidos registra uno de sus inventarios ganaderos más bajos de los últimos 80 años, mientras Argentina también perdió una parte importante de su rodeo. Brasil y Australia, en cambio, mantienen una oferta mayor y precios más competitivos.
Brasil paga aproximadamente USD 4,40 por kilogramo de novillo, entre 70 y 80 centavos menos que Paraguay. Esa diferencia coloca a la carne brasileña en mejor posición, especialmente en mercados como Estados Unidos. Australia también dispone de una oferta elevada y valores inferiores a los de Uruguay.
En territorio uruguayo, la falta de ganado terminado llevó a más de seis plantas frigoríficas a adelantar vacaciones. Además, una planta del grupo Marfrig envió a unos 1.400 trabajadores al seguro de paro, en medio de la menor actividad y de restricciones comerciales relacionadas con residuos de productos veterinarios detectados por China.
Frente a este escenario, González rechaza la idea de que aumentar el peso de las carcasas sea suficiente para compensar la pérdida de animales. Una mejora de 14 o 20 kilos por res ayuda a incrementar la producción, pero no reemplaza el volumen correspondiente a uno o varios millones de cabezas desaparecidas.
“El aumento del peso debe ir acompañado por el crecimiento del hato. De lo contrario, estaríamos justificando situaciones que no conseguimos resolver”, apuntó.
Una de las principales debilidades de Paraguay es su índice de destete. De cada 100 vacas servidas, el país obtendría actualmente unos 57 terneros destetados. Años atrás, el indicador se encontraba incluso por debajo del 50%. González estima que un nivel eficiente debería rondar el 75%.
Uruguay alcanza entre 69% y 70%; Australia, alrededor del 75%; y algunos países europeos llegan al 85% o 90%. Paraguay necesita acercarse, al menos, al 70% para reponer los animales enviados a faena y cubrir las pérdidas por mortandad.
El consultor también planteó analizar la importación de vaquillas desde países con precios inferiores, como Brasil, para incorporarlas a programas reproductivos. Reconoció que la propuesta puede generar polémica, pero sostuvo que, aplicada con criterios sanitarios y productivos, ayudaría a recuperar el rodeo sin necesariamente provocar un derrumbe de precios.
“Antes de pensar en exportar ganado en pie, me preocuparía por aumentar el hato. Si seguimos faenando y perdiendo más animales de los que nacen, la caída no se podrá frenar”, concluyó.


