El canciller Ramírez mantendrá desde hoy una serie de reuniones con autoridades europeas, en un momento en que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay todavía no logran cerrar una metodología común para repartir los contingentes. La última reunión de cancilleres terminó nuevamente sin consenso, aunque Argentina, Brasil y Uruguay acercaron sus posiciones.
Paraguay mantiene firme su propuesta de recibir el 25% de cada cuota, bajo el argumento de que un reparto en partes iguales entre los cuatro socios fundadores permitiría compensar, al menos parcialmente, las desventajas estructurales de una economía mediterránea.
El planteamiento paraguayo cuenta además con el respaldo de sectores productivos vinculados a la carne, el azúcar, el arroz, la avicultura, los granos y las oleaginosas, que observan en el acuerdo con Europa una oportunidad para ampliar el acceso a uno de los mercados de mayor poder adquisitivo.
El problema es que el acuerdo Mercosur-UE establece volúmenes de productos que podrán ingresar al mercado europeo bajo condiciones arancelarias preferenciales, pero deja en manos del Mercosur la definición de cómo distribuir esos cupos entre sus miembros. En ausencia de una metodología consensuada, la utilización por orden de llegada puede terminar favoreciendo a los países con mayor capacidad productiva, logística y exportadora.
Ese mecanismo es precisamente uno de los puntos que Paraguay busca modificar o, al menos, discutir. Para una economía de menor escala y sin salida directa al mar, competir bajo las mismas reglas operativas con Brasil o Argentina no necesariamente significa competir en igualdad de condiciones. La disponibilidad de producción, la infraestructura portuaria, los costos de transporte y la capacidad de reaccionar rápidamente ante una oportunidad comercial pueden inclinar la balanza hacia los socios de mayor tamaño. Por eso, la discusión sobre las cuotas excede una cuestión administrativa. Lo que está en juego es quién tendrá capacidad efectiva para aprovechar las preferencias negociadas con Europa.
Todavía no se define la cuota
La presencia de Ramírez en Bruselas no significa, sin embargo, que Paraguay haya conseguido ya una cuota determinada ni que los exportadores puedan comenzar inmediatamente a realizar nuevos embarques bajo las condiciones del acuerdo. Tampoco implica una modificación automática de los aranceles.
Cualquier distribución deberá surgir de una decisión formal dentro del Mercosur y posteriormente traducirse en mecanismos operativos que permitan a los exportadores conocer cuánto pueden vender, bajo qué condiciones y durante qué período.
La diferencia entre obtener una preferencia arancelaria y aprovecharla comercialmente puede ser significativa. Un cupo reducido puede limitar el impacto económico del acuerdo, mientras que uno más amplio puede generar nuevas oportunidades para sectores que actualmente enfrentan barreras de acceso o condiciones menos competitivas.
Además, la cuota no garantiza por sí misma que un producto paraguayo llegue al consumidor europeo. Los exportadores deberán enfrentar exigencias sanitarias, trazabilidad, certificaciones y estándares de calidad, además de costos logísticos que pueden determinar si la operación resulta rentable.
En este escenario, la negociación interna del Mercosur adquiere una importancia decisiva. Los cancilleres acordaron volver a reunirse en Uruguay dentro de un plazo de entre 45 y 60 días, mientras los equipos técnicos continúan trabajando sobre las alternativas de distribución.
La estrategia paraguaya busca así jugar dos partidos simultáneamente, defender dentro del Mercosur un reparto equitativo y, en Bruselas, dejar sentada ante la UE la necesidad de que las condiciones de administración de los cupos contemplen las particularidades de los socios menores.
El resultado de las próximas semanas permitirá medir si esa estrategia consigue transformar el reclamo paraguayo en una fórmula concreta. Hasta entonces, el acuerdo con Europa representa una oportunidad potencial, pero no un beneficio asegurado.
Para Paraguay, la disputa por las cuotas no es un detalle técnico. Determinará cuánto de esa apertura comercial podrá convertirse realmente en exportaciones, inversión y mayores ingresos para los sectores productivos nacionales.


