El presidente del Indert, Francisco Ruiz Díaz, y el titular de la UGP, Héctor Cristaldo, coincidieron en la necesidad de ampliar la cooperación entre el Estado y los productores organizados. El objetivo es que la asistencia al pequeño productor no se limite a una entrega puntual de insumos, sino que forme parte de una estrategia de desarrollo rural que combine producción, tecnología, organización, formalización de tierras y acceso a mercados.
Uno de los principales resultados de esta cooperación fue la provisión de semillas de maíz de alta calidad genética. Durante 2025, la UGP aportó 28.000 kilos de semillas que beneficiaron a 1.440 familias de siete departamentos: San Pedro, Guairá, Caaguazú, Misiones, Itapúa, Central y Canindeyú.
El aporte tuvo una doble finalidad, fortalecer la seguridad alimentaria de las familias rurales y generar excedentes destinados a la comercialización. De esta manera, la incorporación de semillas con elevado poder germinativo apunta no solo a mejorar las cosechas, sino también a generar una fuente adicional de ingresos para los productores.
En una de las operaciones realizadas en septiembre del año pasado fueron distribuidas 600 bolsas de maíz, con un valor de mercado superior a G. 720 millones. La entrega alcanzó a productores de Canindeyú, San Pedro e Itapúa, con 350 bolsas para la colonia Maracaná-2.º Encuadre, 150 para Itacurubí del Rosario y 100 para Cuatro Bocas, en Natalio.
Posteriormente, la distribución se extendió a otras colonias, entre ellas Yhú, Nueva Italia, Villa Constitución, Natalio, Maracaná e Itacurubí del Rosario. En total, según registros del Indert, la cooperación representó durante 2025 un aporte cercano a G. 1.000 millones en semillas.
El programa también incorporó acompañamiento técnico y logístico. El Indert realizó el seguimiento de los cultivos y puso a disposición camiones institucionales para trasladar gratuitamente las semillas hasta las comunidades beneficiadas, reduciendo así los costos para las familias productoras.
Uno de los ejemplos destacados se registró en la colonia Óscar Romero, ex Marina Cué, en Curuguaty, donde los productores reportaron un buen desarrollo de los cultivos y lograron sembrar la totalidad de las semillas recibidas. Experiencias similares se desarrollaron en comunidades de Caaguazú, San Pedro, Canindeyú y Concepción, incluyendo Yhú, La Germanina, Kuetuvy Ko’eti y Arroyito.
Para 2026, el desafío planteado por ambas instituciones es ampliar esta experiencia. El Indert prevé continuar con la recepción y distribución gratuita de semillas de alta genética, utilizando sus propios recursos logísticos para llegar directamente a las colonias.
La estrategia incorpora además un componente considerado clave, la titulación de tierras. Para el ente agrario, una parcela formalizada brinda al productor mayor seguridad jurídica y abre la posibilidad de acceder a créditos, invertir y desarrollar proyectos productivos de largo plazo.
La combinación de tierra titulada, asistencia productiva, tecnología, organización y cooperación público-privada apunta así a construir una nueva dinámica rural. Más que entregar insumos, el propósito es generar condiciones para que las familias campesinas puedan producir, comercializar, aumentar sus ingresos y permanecer en sus comunidades.
La alianza Indert-UGP plantea, en definitiva, que el desarrollo rural requiere una acción coordinada. La experiencia de las semillas de maíz demuestra que la cooperación entre el Estado y el sector productivo puede traducirse en resultados concretos cuando los recursos llegan efectivamente a las colonias. El desafío ahora será convertir esos resultados iniciales en una política sostenida que contribuya a la agricultura familiar, la seguridad alimentaria y el arraigo económico y social de miles de familias rurales.


