Banco Atlas: siete inmuebles y USD 1,27 millones, bajo la lupa

Banco Atlas administró el fideicomiso que incorporó siete oficinas de Paraqvaria relacionadas con Matrix Realty y Darío Messer. La entidad es presidida por “Miki” Zaldívar, esposo de Natalia Zuccolillo, directora de ABC Color, diario del mismo grupo empresarial.

| Por La Tribuna
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El banco Atlas aparece en esta historia porque en el 2021 aceptó dentro de un fideicomiso siete oficinas de Paraqvaria que, según la investigación fiscal, ya habían sido adquiridas en el 2015 por Matrix Realty, firma de Darío Messer administrada por Senabico. La sospecha es que los derechos sobre esos inmuebles habrían sido ocultados, impidiendo que fueran alcanzados por el comiso de bienes del condenado por lavado de dinero.

El eventual delito no se reduce a una doble venta. La Fiscalía investiga si bienes relacionados con el patrimonio de Messer fueron mantenidos fuera del alcance del Estado y utilizados después en nuevas operaciones (después de que los negocios del doleiro sean públicos). Atlas no aparece señalado en este expediente como autor de la supuesta ocultación. Su implicancia surge porque administró el fideicomiso al que ingresaron las oficinas y debe explicar qué controles aplicó antes de aceptarlas (como patrimonio administrado) como garantía.

En términos simples: si las oficinas ya pertenecían económicamente a Matrix Realty, Paraqvaria no podía disponer libremente de ellas. Si esos derechos fueron omitidos deliberadamente para evitar el comiso o posibilitar otras operaciones, podrían configurarse hechos de estafa y lavado. La responsabilidad penal deberá establecerla la Justicia; la actuación del banco debe examinarse desde la debida diligencia y el conocimiento de los activos.

La ruta comienza en el 2014. Paraqvaria SA y Matrix Realty habían acordado desarrollar un proyecto inmobiliario en Hernandarias. Según Rafael Casabianca declaró ante el Ministerio Público, Matrix Realty realizó cuatro desembolsos: USD 600.000, USD 604.000, USD 40.000 y USD 30.000. La suma alcanzó exactamente USD 1.274.000 y dejó rastros financieros y contables antes de adquirir relevancia penal.

El proyecto original no habría avanzado como estaba previsto. En ese contexto apareció un contrato de compraventa fechado el 28 de febrero del 2015. El instrumento identifica siete oficinas de la Torre II de Paraqvaria, además de estacionamientos. El precio era nuevamente de USD 1.274.000 y figuraba como totalmente abonado.

La Fiscalía sostiene que no hacía falta un segundo pago porque la inversión del 2014 habría sido reconvertida en derechos sobre las oficinas. Casabianca alegó, en cambio, que no existía una nueva factura, recibo, cheque o transferencia y cuestionó los efectos del contrato. También afirmó que lo había firmado bajo presión. Otros testimonios sostienen que el capital entregado habría sido transformado en unidades inmobiliarias.

Desde el 2018 el contexto cambió. Messer quedó en el centro de investigaciones internacionales, fue detenido en Brasil en el 2019 y posteriormente condenado por lavado. Matrix Realty pasó a ser identificada como parte de su estructura patrimonial en Paraguay.

En enero del 2020, Casabianca reconoció ante fiscales la relación con Matrix Realty y detalló los desembolsos. Sin embargo, el contrato del 2015 no aparece claramente individualizado entre los antecedentes entregados. Según la tesis fiscal, esa omisión habría impedido identificar los derechos sobre las oficinas e incluirlos en el comiso relacionado con Messer.

El 19 de julio del 2021 los inmuebles ingresaron al fideicomiso de garantía administrado por el banco Atlas. Paraqvaria actuaba como fideicomitente, y Atlas como fiduciario. La estructura respaldaba aproximadamente USD 1.550.000.

Atlas sostuvo después que Paraqvaria figuraba como propietaria registral, que los bienes estaban libres de gravámenes y que desconocía el contrato privado con Matrix Realty. La explicación aclara por qué el documento no apareció en un estudio registral, pero no responde hasta dónde llegó la revisión económica y societaria antes de aceptar la garantía.

El legajo del fideicomiso debería mostrar qué documentos solicitó el banco, cómo evaluó a Paraqvaria y si los rastros de Matrix Realty aparecían en balances, facturas o contratos. Esa documentación permitirá establecer si Atlas agotó razonablemente sus controles o si existían señales que exigían una revisión más profunda.

En conversaciones del 2024, protocolizadas meses después, Casabianca aseguró que la Fiscalía y la Senabico ya tenían el contrato y que los bienes podían utilizarse libremente. La imputación posterior sostiene lo contrario: que el documento no fue comunicado oportunamente. Si las instituciones lo conocían, deben explicar por qué las oficinas quedaron fuera del mapa patrimonial de Matrix. Si no lo conocían, corresponde determinar cómo llegaron a un fideicomiso sin que aparecieran los derechos anteriores.

El banco Atlas no puede ser presentado automáticamente como un actor lateral: administró la estructura que recibió los bienes y debe demostrar qué verificó. La respuesta está en el expediente, en los controles aplicados y en la trazabilidad que puedan ofrecer la entidad y sus supervisores.

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