El campo, el verdadero motor de la economía paraguaya, refleja importantes números macroeconómicos, luego de que el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) haya realizado un informe analítico de los primeros tres años de su actual administración. Teniendo como titular al ministro Carlos Giménez, el balance institucional arroja un dato sumamente revelador para el sector rural, ya que una movilización de recursos que supera los G. 670.000 millones, canalizados de manera directa hacia las bases de la agricultura familiar.
Este volumen de capital no es un mero asiento contable en los registros del Estado, sino que representa un impacto real y directo en la microeconomía de unas 39.360 familias productoras, nucleadas estratégicamente a través de 1.700 organizaciones. La visión de la política agropecuaria parece haber migrado de un modelo de asistencia pasiva hacia uno de dinamización estrictamente comercial, acercando las herramientas del Estado al propio surco.
A través de diversos esquemas formales de venta, el sector primario logró ubicar exitosamente unos 42 millones de kilos de productos agrícolas. Esta logística de distribución se tradujo en una inyección de G. 220.000 millones al bolsillo del pequeño labriego. En paralelo, las tradicionales Ferias de la Agricultura Familiar demostraron ser un ecosistema de negocios sumamente redituable, aportando a la cuenta otros G. 216.000 millones. A esto debemos sumarle una jugada estratégica clave en la demanda pública: la provisión de alimentos para el programa Hambre Cero adquirió volumen por un valor de G. 235.000 millones, garantizando un mercado de compra seguro, constante y previsible para la producción nacional.
Del surco a los mercados globales
El cambio de paradigma institucional es bastante evidente y se resume en un nuevo norte: pasar del simple “producir” al “producir más y mejor”. Esta filosofía de trabajo implicó la apertura de nuevas oportunidades comerciales para rubros frutihortícolas esenciales de la chacra paraguaya, tales como el tomate, la cebolla, la zanahoria, el locote, la banana y la piña.
Si miramos el panorama macroeconómico, nuestro país pisa fuerte. Actualmente, Paraguay exporta alrededor de 13 millones de toneladas de productos de origen vegetal a 169 exigentes destinos internacionales, lo que equivale a un ingreso de divisas de USD 4.000 millones anuales. En la misma línea de crecimiento, la ganadería hizo historia, registrando un récord histórico de USD 2.689 millones en exportaciones de carne, mientras que rubros alternativos como el avícola, el porcino y el azúcar orgánico continúan afianzando su senda alcista.
Tecnología y resiliencia frente al clima
Para sostener este ambicioso ritmo productivo, la tecnificación del suelo ha sido vital. En un escenario donde el cambio climático no da tregua, el Gobierno impulsó la incorporación de 1.429 hectáreas bajo el sistema de siembra directa mecanizada y se logró la perforación de 147 pozos artesianos. Además, se entregaron 12.613 paquetes tecnológicos y 231 tractores. Un hito digno de mención es el “Plan Cultivar Tomate Todo el Año” que alcanzó un nivel de eficiencia del 95%, logrando mitigar la histórica escasez local de este rubro. Para blindar las cosechas, hoy opera el Sistema de Información Agrometeorológica, soportado por 226 pluviómetros y 21 modernas estaciones climáticas.
Seguridad jurídica y músculo financiero
Es sabido que el productor rural queda estancado sin titularidad de la tierra ni acceso al crédito. Mediante un trabajo articulado con el Indert, se finiquitó la entrega de 9.717 títulos de propiedad, otorgando por fin arraigo y previsibilidad. Paralelamente, el engranaje financiero del Estado hizo su parte, ya que el Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) colocó desembolsos por más de G. 1,26 billones, acompañados por el fuerte fondeo de G. 392.000 millones por parte del Banco Nacional de Fomento (BNF).
Todo este esfuerzo se encuentra custodiado por los más altos estándares de calidad, como las 16,8 millones de cabezas de ganado inmunizadas por el Senacsa o los severos controles fitosanitarios del Senave. Hoy, con la mira puesta en estrategias de largo plazo, como el “Plan Nacional de la Yerba Mate 2025-2030” o la primera Política Forestal Nacional, queda claro que la hoja de ruta económica del sector agrario paraguayo ya no sólo planifica la próxima cosecha, sino el desarrollo integral de la próxima década.


