¿El Shopping Mariscal cuenta con el sistema de prevención de incendios?

“No sé dónde queda”, “no me percaté”, “no veo señales”, son algunas de las respuestas de los usuarios de grandes centros comerciales cuando se les consulta sobre si identifican los sistemas de evacuación en casos de emergencia. Los bomberos de la capital señalan que las instalaciones no cumplen con las exigencias de seguridad. La experiencia vivida se registró en el Shopping Mariscal.

| Por La Tribuna
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Fachada del Shopping Mariscal, en el centro de la ciudad.

“No, no ubico la salida de emergencia”. La respuesta se repite entre visitantes consultados en un centro comercial de Asunción y revela una inquietud que debería estar resuelta antes de que ocurra cualquier siniestro. Más de dos décadas después de la tragedia del Ycuá Bolaños, la prevención contra incendios en espacios de alta concurrencia sigue planteando interrogantes sobre señalización, capacitación y controles.

En el informe especial elaborado por el equipo La Tribuna, ciudadanos recorrían el sector exterior visible del Shopping Mariscal sin poder identificar con claridad salidas de emergencia, extintores o carteles que orienten una evacuación. Esa observación no permite, por sí sola, concluir que el establecimiento carezca de sistemas internos de seguridad o que incumpla normas vigentes. Pero sí expone algo igualmente relevante: si las personas no pueden reconocer a simple vista cómo salir ante una amenaza, la prevención falla en uno de sus objetivos centrales.

En una emergencia, no alcanza con que existan planos, equipos o procedimientos archivados. Las rutas de evacuación deben ser visibles, comprensibles y accesibles para quien visita por primera vez el lugar, para un trabajador, para una persona mayor, un niño o alguien con movilidad reducida. El incendio no da tiempo para estudiar el edificio ni para buscar instrucciones en medio del humo, el ruido y el miedo.

Bomberos consultados para el informe recordaron que los centros comerciales, edificios y espacios con concentración masiva de público requieren detectores de humo y calor, sistemas de alarma, señalización adecuada, extintores y vías de evacuación correctamente identificadas. A eso debe sumarse el mantenimiento técnico de los equipos y la capacitación del personal para detectar un foco inicial y actuar con rapidez mientras se activa el protocolo.

La presencia de extintores, por ejemplo, no resuelve por sí misma una emergencia. Un equipo mal ubicado, vencido, sin mantenimiento o manipulado por alguien que desconoce su uso puede resultar inútil. Tampoco basta con instalar alarmas si estas no están operativas, si el personal no sabe cómo proceder o si los visitantes no reciben indicaciones claras sobre dónde reunirse y qué camino tomar.

Uno de los especialistas advirtió que la falta de capacitación y de evaluaciones técnicas periódicas continúa siendo un problema en distintas empresas y establecimientos del país. La prevención exige revisar riesgos, evaluar instalaciones eléctricas, controlar sistemas de detección, despejar salidas y ensayar respuestas. No se trata de una formalidad burocrática: es la diferencia entre una evacuación ordenada y una escena de pánico.

La tragedia del Ycuá Bolaños, ocurrida el 1 de agosto de 2004, dejó más de 400 fallecidos y miles de familias marcadas para siempre. Aquel incendio instaló en la conciencia nacional la necesidad de fortalecer las normas de seguridad, la fiscalización y la responsabilidad empresarial. Sin embargo, el paso del tiempo puede convertir una lección dolorosa en una fecha conmemorativa, cuando debería seguir funcionando como una alerta permanente.

Las respuestas de los visitantes son directas: “No sé dónde queda”, “no me percaté”, “no veo señales”. Son frases que no deberían escucharse en un lugar al que acuden diariamente cientos o miles de personas. En una situación crítica, la desorientación se multiplica: el humo reduce la visibilidad, el temor altera las decisiones y una multitud puede transformarse en un obstáculo para la salida.

La responsabilidad no recae únicamente en quien administra un centro comercial. Las municipalidades que aprueban planos, inspeccionan locales y habilitan obras tienen una función decisiva. También deben intervenir los organismos de control, los propietarios, las empresas de seguridad, los arrendatarios y los trabajadores. La prevención funciona como una cadena: cuando un eslabón falla, el riesgo alcanza a todos.

No corresponde esperar una tragedia para preguntar dónde están las puertas de emergencia. Cada establecimiento de concurrencia masiva debe poder responderlo de inmediato, con señales visibles, rutas despejadas, personal preparado y sistemas verificables. La seguridad no puede depender de la suerte, de la memoria de quienes frecuentan un lugar ni de tener “a Jesús en la boca” cuando suena una alarma.

A 22 años del Ycuá Bolaños, la pregunta sigue vigente: ¿podría una persona salir con rapidez de un shopping si se desata un incendio? Si la respuesta de muchos visitantes es “no sé”, hay una tarea urgente que no admite más demoras.

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