El sector arrocero de nuestro país atraviesa una etapa desafiante, marcada por la alta volatilidad de los precios internacionales y una fuerte presión competitiva. Según explicó Andrea Llano, vocera de la Cámara Paraguaya de Industriales de Arroz (Caparroz), para “El Programa Ese” de la Tribu 650 AM, en la actualidad se destinan entre 200.000 y 210.000 hectáreas para la producción de arroz con riego.
No obstante, las fluctuaciones globales han generado un impacto directo en las proyecciones de siembra y de exportación nacional. Durante la zafra 2025-2026, cuya cosecha culminó hace poco, ya se observó una notoria reducción en la superficie sembrada.
Esta tendencia bajista, que se sintió con mayor rigor en el segundo semestre del año 2025 y los primeros cuatro meses del 2026, podría replicarse fácilmente en la campaña 2026-2027. La principal causa de este fenómeno radica en la firme decisión de India, el mayor productor y exportador global, de reabrir sus puertas al comercio exterior el año pasado.
Esta sorpresiva medida inundó el mercado mundial, deprimiendo los precios a niveles que afectaron de manera severa a los productores del Mercosur, incluyendo a Brasil, Argentina, Uruguay y, por supuesto, a nuestro país.
A pesar de este complejo panorama, la capacidad productiva instalada en el territorio paraguayo sigue siendo muy robusta. Paraguay tiene el gran potencial de cultivar más de 300.000 hectáreas de este grano. Además, la industria local ha dado un importante salto tecnológico, ya que no se exporta simple materia prima en bruto, sino un producto altamente procesado y listo para el consumo directo.
En la actualidad, aproximadamente el 80% del arroz paraguayo se destina a la exportación, lo cual demuestra la alta dependencia que tiene este pujante sector de las compras en los mercados internacionales. Sin embargo, el crecimiento productivo se enfrenta hoy a un tope de carácter estructural, por el propio nivel de consumo mundial y regional. Paraguay cuenta con la capacidad de generar mucho más arroz del que puede comercializar.
A todo esto se suman las innegables desventajas logísticas inherentes a nuestra condición de país mediterráneo. Los elevados costos de flete encarecen el producto nacional frente al de los vecinos y principales competidores de la región, que sí poseen salidas marítimas. Para sortear todos estos grandes obstáculos operacionales, desde Caparroz insisten en la urgente necesidad de consolidar alianzas con el sector público para poder abrir nuevos destinos.
Hace pocos años se exportaba a 45 países, pero hoy esa cifra se redujo a 27. Por este motivo, el gremio avanza con pactos globales para asegurar su futuro.


