La ficción de la estructura corporativa abierta. En la narrativa corporativa desplegada por las grandes contratistas del sector público, la apelación a supuestos “directorios profesionales”, “asesores independientes” y “gobernanza de estándares internacionales” suele utilizarse como una cortina de humo institucional. Sin embargo, cuando se examinan los libros de actas y la composición accionaria real de Softshop SA, el discurso de la modernidad empresarial se desmorona frente a una evidencia contundente: el monopolio informático que maneja los sistemas más sensibles del Estado paraguayo es, en realidad, un cerrado imperio familiar controlado con mano de hierro desde una misma mesa.
El análisis de la estructura societaria del grupo revela que no existe tal dispersión de capital ni independencia ejecutiva. El control patrimonial, la toma de decisiones y el beneficio final de las adjudicaciones que superan los G. 205.000 millones giran de forma exclusiva en torno a la figura de Juan Bautista Cazenave Cardús y su círculo familiar directo.
El 90% del capital en una sola mano
Los documentos del registro mercantil permiten trazar el verdadero árbol genético del contratista estatal. En Softshop SA, Cazenave Cardús figura como presidente y accionista mayoritario con el 87% de las acciones, secundado por su cónyuge, Carmen de la Luz Serrati de Cazenave (6%), y sus cuatro hijos –Juan Martín, María Gabriela, Ximena y Guillermo Manuel Cazenave Serrati–, quienes se reparten el porcentaje restante.
El patrón de concentración se replica con precisión en el resto de las empresas que componen el ecosistema del edificio España:
Horizonte SRL. Soluciones Informáticas: Cazenave Cardús ostenta el 90% de las cuotas sociales, mientras que el 10% restante se divide entre su hijo Juan Martín y el director Blas Lorenzo Riquelme.
Volemos SRL y Macro Soluciones SA: La titularidad vuelve a repartirse de forma idéntica, alcanzando entre el 80% y el 90% de participación a favor del patriarca de la familia.
Alfama SA y Confratelli SRL: Sociedades donde la titularidad se fragmenta únicamente entre los hijos del matrimonio Cazenave-Serrati.
Esta arquitectura confirma que no existen socios externos ni capitales independientes. El 100% del patrimonio del holding pertenece al mismo núcleo consanguíneo.
La fusión silenciosa: de la ficción de competir al monopolio legal
Uno de los hallazgos más reveladores de la documentación oficial es la confirmación de que Horizonte SRL se encuentra en proceso formal de fusión por absorción con Softshop SA.
Durante años, ambas razones sociales operaron de manera paralela en el mercado público, presentándose a llamados estatales, cotizando servicios complementarios o participando en procesos donde la frontera de la libre competencia resultaba difusa. La fusión en curso no hace más que blanquear lo que en la práctica siempre fue una realidad operativa: Horizonte y Softshop son las dos caras de la misma moneda familiar.
Esta centralización se extiende a un entramado de firmas inmobiliarias y de inversión –como Bienes Raíces Cielo Azul SRL y La Cimbra SA– que permiten al grupo familiar canalizar y diversificar la liquidez obtenida a través de los millonarios contratos de tecnología pública hacia el sector de bienes raíces.
El riesgo de poner el Estado en una sola mesa
Que una familia construya un grupo económico próspero es un derecho garantizado por la libre iniciativa privada. El problema ético y político surge cuando esa misma estructura familiar se convierte en la dueña virtual de la infraestructura informática del Banco Nacional de Fomento (BNF), el Instituto de Previsión Social (IPS) y la Administración Nacional de Electricidad (Ande).
Cuando el funcionamiento de las cajas públicas, los datos de salud de los asegurados y la facturación eléctrica del país dependen de las soluciones de una sola corporación familiar, el Estado pierde su soberanía digital. Si una licitación falla, si un sistema se cae o si se exige una auditoría técnica profunda, el interlocutor del Gobierno no es un mercado diverso de profesionales; es la mesa familiar del edificio España.
El “Sello Cazenave” no es un modelo de gobernanza corporativa; es la prueba documental de cómo el presupuesto tecnológico de la nación ha quedado concentrado en manos de un cerrado feudo familiar.


