La economía rural paraguaya mantiene a la agricultura familiar como su gran bastión para generar ingresos. Según los recientes datos expuestos por la Encuesta Económica de la Agricultura Familiar (Eneaf) para el ciclo 2024-2025, se dimensiona esta realidad, ya que hoy existen 254.335 fincas campesinas en Paraguay. Estas unidades están integradas por 814.508 miembros, equivalentes a casi el 40% de nuestra población rural. El muestreo a 5.000 productores en 14 departamentos revela la inmensa importancia del rubro para combatir la pobreza.
Profundizando en los números de este reporte del Ministerio de Agricultura y Ganadería, la dinámica productiva exhibe un fuerte sesgo comercial. Del total, una abrumadora mayoría de 233.131 fincas (92%) se dedica al consumo propio y a la venta de sus cosechas.
Este segmento comercial moviliza a unos 754.443 integrantes, y en contrapartida, 21.204 fincas (el 8%) subsisten en el mero autoconsumo, afectando a unas 60.065 personas. Nueve de cada diez granjas familiares logran vender una fracción de sus productos y mejorar su economía.
Esta inserción en el mercado nacional incide de manera directa en el bolsillo del productor rural y en una fuerte reducción de la pobreza. Durante este periodo, 269.888 personas ejercieron labores agropecuarias, de las cuales un 97,3% operó bajo el modelo de venta y consumo.
La brecha de ingresos es abismal, ya que la mitad de quienes solo consumen registran rentas anuales de G. 8.998.000, dependiendo más de ingresos no agrícolas. Sin embargo, quienes logran vender ven disparar sus ingresos a G. 36.490.000 al año, lo cual genera un gran impacto.
Las ya populares ferias agropecuarias merecen una mención especial como genuinas plataformas de despegue económico rural. El informe estima que 5.463 fincas participan de ferias de la Agricultura Familiar, lo cual beneficia directamente a 19.802 personas.
Es importante resaltar un dato muy contundente, ya que el 89% de todos los productores feriantes han logrado ubicarse por sobre la línea de pobreza monetaria. Mientras la pobreza castiga al 36% de los que hacen solo autoconsumo, esta cifra se reduce al 19% para aquellos que logran vender sus alimentos frescos.
Para sostener este notable progreso, la inversión productiva y el apoyo estatal son determinantes, pues se ha constatado que un 21% de los productores encuestados han inyectado capital, con un promedio de G. 2.523.933 orientados a infraestructura, tierras y maquinaria.
El vital acceso a créditos, mecanización y asistencia técnica resultan hoy en día muy cruciales. Como marco alentador, la pobreza rural total nacional, según los registros de la EPHC 2025, se redujo al 22%, dejando bastante atrás aquel índice del 25,9% que fuera medido en el año 2024.


