Confianza del consumidor: ¿por qué la macro no llega a la casa?

El Banco Central publica cada mes una batería de informes. Dos de ellos, leídos juntos, describen economías distintas. Uno recoge lo que proyectan los analistas. El otro, lo que sienten las familias. Y la distancia entre ambos es hoy el dato más interesante de la economía paraguaya.

| Por La Tribuna
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El desafío para el futuro es que el orden de la macroeconomía llegue a los hogares paraguayos, porque las familias consumen servicios, combustible y comida, y se financia a cerca del 20% real.

Daniel Correa (*)

Del lado de los analistas, las noticias son buenas y conviene decirlo sin matices. La inflación está tan contenida (anclada) que en junio fue negativa. El crecimiento esperado se estima superior al 4%. El sistema financiero muestra niveles de liquidez, solvencia y morosidad que cualquier país de la región firmaría. No hay desequilibrios macroeconómicos serios a la vista.

Del lado de los hogares, la película es otra. El Índice de Confianza del Consumidor cerró junio en 41 puntos, sobre una escala donde 50 marca el equilibrio entre optimismo y pesimismo. Viene rebotando desde el piso que tocó en mayo, pero sigue claramente por debajo de donde estaba hace un año.

La pregunta obvia es cómo puede convivir una macro ordenada con un consumidor pesimista. Y hay números que ordenan el diagnóstico.

El índice se construye con tres preguntas: cómo está tu situación personal, la de tu hogar y la del país. En 12 meses, la percepción sobre el país mejoró. La personal cayó poco. Y la del hogar se desplomó 9 puntos.

Ahí está todo. La pregunta personal responde, en el fondo, a “¿tengo trabajo?”. La del hogar responde a “¿me alcanza?”. Con el empleo formal en máximos históricos, la primera respuesta es que sí. El problema está en la segunda. Y para entenderlo hay que mirar tres cosas que el promedio macroeconómico no lo muestra.

Lo primero: el IPC promedia dos economías. La inflación general baja, pero adentro conviven movimientos opuestos. Los bienes importados están en deflación: la apreciación del guaraní abarató autos, computadoras y electrodomésticos. Mientras tanto, los servicios subieron 4,2% y los bienes no transables 3,9%. Abierto por rubro, el contraste es claro: restaurantes y hoteles +8,7%, educación +5,9%, contra transporte y vestimenta prácticamente planos. Y dentro del transporte, la misma lógica en miniatura: la compra de un automóvil bajó, pero los combustibles acumulan más de 20% en el año.

El mecanismo es sencillo. Bajó lo postergable; subió lo que no se puede postergar. La heladera espera. La cuota del colegio, el almuerzo del trabajo y el tanque de nafta, no. El índice promedia ambos y devuelve un número tranquilizador. El hogar no promedia: paga todos los meses la parte que subió.

Lo segundo: la tasa real que paga el hogar. Este es el dato menos comentado y probablemente el más importante. La tasa de política monetaria lleva meses quieta en 5,50%, lo que descontada la inflación equivale a unos 3% reales. Una política monetaria neutral.

Pero esa no es la tasa que se paga en el mercado. Los préstamos de consumo en guaraníes están en 22,85% y las tarjetas de crédito en 19,04%. Descontando inflación, eso es 20% y 16% en términos reales.

Y lo decisivo no es el nivel: es el movimiento. Hace un año, esas mismas tasas reales estaban cuatro y tres puntos más abajo. El costo real de financiarse con tarjeta subió casi cuatro puntos en doce meses, mientras la tasa de política monetaria no se movió un punto básico.

Y sumemos el volumen: el crédito a los hogares creció casi 25% interanual, y la morosidad en las tarjetas con líneas menores a 3 millones de guaraníes trepa al 7,2%, más del doble que en los tramos altos. El hogar se endeudó más, y cada guaraní de esa deuda le cuesta hoy sensiblemente más. Eso no aparece en el IPC, pero aparece todos los meses en el presupuesto de la casa.

Lo tercero: no es humor, son ventas. Podría objetarse que la confianza mide estado de ánimo, no economía. El Estimador de Cifras de Negocios cierra esa discusión: en mayo, las ventas crecieron apenas 0,5% interanual, cuando venían promediando cerca de 5%. El mismo mes en que la confianza tocó su piso.

El desagregado habla solo. En la industria cayeron cárnicos, lácteos, azúcar, panificados, bebidas y otros alimentos. En servicios, transporte y servicios a los hogares. Del otro lado crecieron fertilizantes, agroquímicos, materias primas agrícolas y maquinarias. Se vende bien lo que compra el campo y la empresa, vende mal lo que compra la casa.

Un dato interesante sobre la decisión de las personas. Los bienes por los que la encuesta pregunta —autos, motos, electrodomésticos— son exactamente los que están bajando de precio. Y aun así, solo 6,75% de los hogares cree que es buen momento para comprar un electrodoméstico y apenas 2% para un auto. Cuando el precio cae y la demanda no responde, el problema no es el precio. Es la capacidad de compra.

Hay motivos para esperar mejoras, y son concretos. El salario mínimo subió 5% desde julio, más del doble de la inflación. Las intenciones de compra aumentaron en todas las categorías respecto a mayo. El empleo formal sigue creciendo.

Pero el mensaje de fondo queda. Paraguay estabilizó la macroeconomía con instrumentos de política monetaria, y lo hizo bien. El desafío ahora es otro: que ese orden llegue a donde todavía no llegó. Porque el hogar no consume el promedio del IPC ni se financia a la tasa de política monetaria. Consume servicios, combustible y comida, y se financia a cerca del 20% real.

Por lo menos, así lo veo yo.

(*) Economista y director de DCR Consultora. Profesor universitario.

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