El panorama del sistema eléctrico de nuestro país transita por una encrucijada verdaderamente crítica y sin precedentes. Paraguay, históricamente holgado en materia energética gracias a la colosal producción de las represas de Itaipú y Yacyretá, podría enfrentarse a un temido y severo escenario de cortes en su suministro eléctrico tan pronto como en el año 2028 o 2029, según advierte el reconocido especialista en energía Victorio Oxilia en una entrevista para “El Programa Ese” de la Tribu 650 AM.
El fantasma de una “alerta roja” eléctrica asoma en el horizonte a corto plazo. No obstante, aclaró que esta crisis no se traduciría en un apagón total, continuo y generalizado que logre paralizar al país entero, sino en fuertes interrupciones muy puntuales durante las agobiantes jornadas de intenso calor. En esos días críticos, la masiva demanda nacional para sostener la climatización en hogares y empresas colapsaría por completo un sistema de distribución nacional que, a día de hoy, ya se encuentra trabajando sumamente presionado y al borde técnico.
La raíz y matriz técnica de este grave problema macroeconómico es bastante clara de entender para el mercado, ya que a las ya conocidas, arrastradas y prolongadas falencias estructurales en las antiguas redes de transmisión y distribución estatal se le sumará muy pronto un déficit inédito en la historia de la República: la absoluta falta de generación propia. Es decir, ya no solo nos costará enormes inversiones poder transportar la electricidad producida hasta los grandes y densos centros de consumo urbano, como la capital Asunción y todo su saturado territorio metropolitano, sino que la oferta total de energía disponible simplemente ya no dará abasto suficiente para lograr cubrir el constante e imparable incremento de la demanda civil, comercial y fuertemente industrial.
El punto de inflexión más inmediato y decisivo radica hoy, indiscutiblemente, en la controversial industria de la criptominería. Estos cuestionados pero muy lucrativos contratos especiales, que mantienen firme vigencia hasta el año 2027, dejan congelados, a modo de un gran colchón de reserva temporal, unos 1.100 a 1.200 megavatios de valiosa potencia nacional.
De la misma forma, el experto subrayó que si se lograran reducir drásticamente esos pesados contratos a unos 300 megavatios, Paraguay ganaría rápidamente un oxígeno vital de dos a tres años extras de margen operativo, pero de continuar este actual ritmo de expansión netamente exponencial impulsado por estas granjas informáticas internacionales, la nación consumirá en un abrir y cerrar de ojos la totalidad de sus propios excedentes energéticos. Esto provocará que el Estado paraguayo pierda velozmente las fundamentales y multimillonarias compensaciones en divisas que mes a mes son abonadas por el socio Brasil, y todo esto ocurrirá sin tener absolutamente de dónde lograr extraer un solo megavatio de nueva energía limpia a nivel local.
Las diferentes alternativas energéticas puestas hoy sobre la compleja mesa de trabajo exigen urgentes decisiones políticas de peso y, por sobre todo, gigantescas inyecciones de nuevo capital estatal o alianzas comerciales. Se requiere perentoriamente lograr diversificar de forma inmediata toda la vieja matriz de generación eléctrica.
Las opciones son claras, ya que se busca instalar a gran escala inmensos parques de energía solar, construir múltiples y pequeñas represas hidroeléctricas en diversos cauces hídricos interiores, o incluso adoptar la costosa medida de importar gas natural directamente desde la vecina Argentina para activar eficientes y modernas plantas termoeléctricas locales. Si bien los antiguos megaproyectos binacionales, como Corpus Christi o Itatí-Itá Corá, siempre aparecen como grandes metas estructurales conjuntas a largo plazo, nuestro tristemente célebre y pobre historial negociador internacional frena los ambiciosos planes.
En tanto, las grandes firmas criptomineras plantean un curioso y afilado dilema económico nacional. Si bien estas industrias de consumo intensivo en la práctica no generan valor agregado real, no crean empleo local masivo ni producen derrames tecnológicos significativos, como sí lo harían las fábricas de fertilizantes verdes o los inmensos centros de datos para inteligencia artificial, hoy en día le resuelven un gigantesco bache financiero estructural a la Ande.
Los vitales ingresos mensuales fuertemente dolarizados, sumados directamente al actual y conveniente tipo de cambio favorable para nuestra moneda local, salvan temporalmente la golpeada y muy frágil caja pública energética. Oxilia es directo, técnico y completamente lapidario, para que cierren los números y las finanzas públicas, todas las tarifas eléctricas para la población paraguaya tendrían que sufrir un brusco, automático y muy duro reajuste de entre un 20% y un 40% adicional.


