El firme salto en la producción de caña dulce ya es una realidad palpable. En el Campo Experimental Natalicio Talavera, ubicado en el departamento de Guairá, expertos demostraron que la ciencia transforma la economía local paraguaya.
Lourdes Cabrera, jefa del centro, explicó que el programa estatal comenzó en 2019 con la meta de producir semillas completamente sanitadas. Hoy, ese esfuerzo rinde frutos evidentes. “Con este tratamiento llegamos a ochenta, noventa, cien y hasta ciento veinte toneladas por hectárea. La demanda aumentó demasiado”, aseguró la especialista. El proceso arranca con una estricta selección de variedades registradas. Luego, estos materiales genéticos se multiplican en semilleros básicos que hoy abarcan unas ciento treinta hectáreas.
La clave radica en un método termoterápico. Luis Fernando Espinoza Báez, investigador principal, detalló que los esquejes se sumergen en agua a 50,5° por dos horas. Esta técnica elimina la bacteria causante del raquitismo de la soca, una peste letal. Al disponer de sanidad e identidad genética, el cultivo explota todo su potencial de rentabilidad agroindustrial.
Feliciano Duré, un experimentado cañicultor, celebró estos hallazgos y alentó a realizar siembras tempranas, entre febrero y marzo. Esta estrategia estatal, financiada por el plan IPTA-BID, no se detiene aquí; también busca diversificar la canasta familiar impulsando nuevas parcelas comerciales de batata, tomate y locote en el país.


