La abundante generación hidroeléctrica permitió durante años abastecer con holgura el mercado interno y exportar importantes excedentes de electricidad a Brasil y Argentina. Sin embargo, el aumento sostenido de la demanda nacional, impulsado por la expansión industrial, la instalación de nuevos parques tecnológicos y la creciente electrificación de diversos sectores productivos, obliga a planificar nuevas alternativas de generación.
En este contexto, el Gobierno dio un paso trascendental con la reglamentación de la Ley de Energías Renovables No Convencionales, que establece el marco jurídico para promover inversiones privadas en proyectos de energía solar, eólica, biomasa, biogás e incluso pequeñas centrales hidroeléctricas. La normativa busca facilitar el ingreso de capitales nacionales y extranjeros, diversificar la matriz energética y garantizar la seguridad del suministro en los próximos años.
La energía solar aparece como una de las principales apuestas. Aunque Paraguay es reconocido internacionalmente por su potencial hidroeléctrico, también posee elevados niveles de radiación solar durante gran parte del año, especialmente en las regiones Occidental y Norte. Esto ha despertado el interés de empresas nacionales e internacionales que analizan la instalación de parques fotovoltaicos destinados tanto al consumo industrial como a la generación distribuida para hogares y comercios.
En paralelo, Itaipú Binacional impulsa estudios sobre plantas solares flotantes, una tecnología que permite aprovechar los embalses existentes para generar electricidad adicional sin ocupar grandes extensiones de tierra, además de contribuir a reducir la evaporación del agua.
Otra de las grandes apuestas estratégicas es el hidrógeno verde, considerado el combustible limpio del futuro. Gracias a su disponibilidad de energía renovable de bajo costo, Paraguay reúne condiciones excepcionales para producir hidrógeno mediante electrólisis del agua sin emisiones de carbono. El producto puede transformarse posteriormente en amoníaco verde o utilizarse como insumo para industrias de alta demanda energética, abriendo la posibilidad de acceder a mercados internacionales que avanzan hacia procesos de descarbonización.
El interés de inversionistas extranjeros ya comienza a materializarse. Empresas europeas y latinoamericanas analizan proyectos vinculados a la producción de fertilizantes verdes, combustibles sintéticos y derivados del hidrógeno, con inversiones que podrían alcanzar varios cientos de millones de dólares durante los próximos años.
La biomasa constituye otro recurso con amplio potencial de crecimiento. Paraguay dispone de abundantes residuos provenientes de la producción forestal, arrocera, cañera y sojera que pueden convertirse en electricidad o calor para abastecer procesos industriales, reduciendo simultáneamente el impacto ambiental de estos desechos y fortaleciendo la economía circular.
Especialistas coinciden en que la transición energética paraguaya no implica reemplazar la hidroelectricidad, sino complementarla. Itaipú y Yacyretá seguirán siendo la columna vertebral del sistema eléctrico nacional, mientras que las nuevas tecnologías permitirán responder a los picos de consumo, aumentar la resiliencia del sistema y atraer industrias que demandan energía limpia certificada.


