Economía

Paraguay debe traducir su ventaja en empleos dignos e inclusión real

Daniel Correa (*)

| Por La Tribuna
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Cuando la inflación está controlada, el sueldo rinde un poco más.KAT

Muchas veces escuchamos hablar de macroeconomía como si fuera un idioma reservado solamente para economistas, expertos financieros, ministros o técnicos del Banco Central. Se habla de inflación, tasas de interés, expectativas, crecimiento, déficit fiscal y estabilidad. Para la mayoría de la gente, todo eso parece lejano. Pero la verdad es más simple: cuando la macroeconomía anda bien, la vida diaria puede ordenarse mejor; cuando anda mal, el golpe llega directo al bolsillo.

La macro es como el clima de la economía. Si el clima está estable, uno puede planificar. Una familia puede pensar en comprar una casa, cambiar la heladera, arreglar el techo o tomar un préstamo para un vehículo. Un comerciante puede decidir si amplía su local, compra más mercadería o contrata a una persona más. Un productor puede calcular sus costos con mayor tranquilidad. Pero si el clima económico es inestable, todos empiezan a cuidarse: se consume menos, se invierte menos y se espera más.

Por eso, la estabilidad no es un concepto abstracto. Tiene consecuencias muy concretas. Cuando la inflación está controlada, el sueldo rinde un poco más. No significa que todo sea barato, pero sí que los precios no degradan tan rápido los ingresos. Para una madre que va al supermercado, eso se nota en la posibilidad de organizar la compra del mes. Para un trabajador, significa que su salario no se derrite tan rápido. Para un jubilado, significa que puede prever mejor sus gastos de medicamentos, servicios y alimentos.

Lo mismo ocurre con las tasas de interés. Cuando la economía transmite confianza, el crédito puede moverse en mejores condiciones. Eso impacta en la vida real. Una pareja joven puede acceder con mayor previsibilidad a un préstamo para vivienda. Una pequeña empresa puede financiar una máquina, una camioneta o capital de trabajo. Un emprendedor puede animarse a formalizar, invertir y crecer su negocio. En cambio, cuando hay incertidumbre, el dinero se vuelve más caro, los bancos prestan con más cautela y muchas decisiones quedan en pausa.

También está el valor de la moneda. Cuando hay estabilidad, el comerciante que importa productos no vive cambiando precios periódicamente. El taller que compra repuestos puede presupuestar mejor. La despensa del barrio puede reponer mercadería sin miedo a que todo suba de golpe. Y el consumidor, que al final es quien paga la cadena completa, puede comparar, elegir y cuidar mejor su dinero.

Ahora bien, una macro ordenada no resuelve todo por sí sola. Es una condición necesaria, pero no suficiente. De nada sirve tener buenos indicadores si eso no se convierte en empleo, ingresos, obras, servicios públicos, crédito para las mipymes y oportunidades para la gente. El verdadero desafío es que los buenos números bajen a tierra.

Porque la economía no se mide solamente en informes. Se mide en la mesa familiar, cuando alcanza para llenar la canasta. Se mide en el almacén, cuando hay movimiento y los clientes no compran solo lo mínimo. Se mide en la obra, cuando se contrata más mano de obra. Se mide en el joven que consigue su primer empleo. Se mide en la señora que formaliza su pequeño negocio y accede a mejores herramientas para crecer.

Paraguay tiene una ventaja que no debe subestimarse: ha construido una reputación de estabilidad en una región donde muchas veces la incertidumbre es la regla. Eso ayuda a atraer inversión, sostener el crédito y generar confianza. Pero esa confianza debe convertirse en algo más profundo: productividad, formalización, mejores salarios y mayor inclusión económica.

La macro ordena la cancha. Pero el partido se juega en la micro: en la familia, en la pyme, en el campo, en el comercio, en el empleo diario. Si la cancha está desordenada, los más chicos son los primeros en caer. Si la cancha está firme, todos tienen más posibilidades de jugar mejor.

Por eso, defender la estabilidad macroeconómica no es defender una planilla. Es defender la posibilidad de que una familia planifique, que un trabajador mantenga el valor de su salario, que un comerciante venda más, que una pyme invierta y que un joven encuentre oportunidades.

La economía funciona cuando la macro y la micro se conectan. La macro da previsibilidad; la micro transforma esa previsibilidad en vida cotidiana. Una sin la otra queda incompleta. Al final, la economía no se trata solo de números grandes. Se trata de algo mucho más cercano: que la gente pueda vivir mejor, mayor bienestar y planificar su futuro con menos miedo y más esperanza.

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