El crecimiento comercial está liderado por el dinámico sector agropecuario, que demostró su clásica resiliencia. Los envíos se sostuvieron por la abundante soja y la solicitada carne bovina, favorecidas por excepcionales precios internacionales que otorgaron un respiro.
A todo esto se suma el despertar de mercados clave para nuestra economía. Se observó una creciente demanda de países limítrofes, con Argentina destacándose como el socio indispensable de esta gran etapa. Asimismo, el aumento paulatino de las compras que provienen de la Unión Europea apuntaló firmemente nuestra posición comercial en el globo. Sin embargo, no todo el panorama futuro resulta totalmente garantizado, y es por eso que siempre la prudencia macroeconómica debe imperar en cada decisión.
El informe del BID advierte que persisten enormes riesgos para los próximos meses. Existen amenazas considerables por la alta volatilidad en los mercados internacionales, el inesperado aumento de los costos logísticos, y la enorme incertidumbre geopolítica que se vive actualmente. Todos los factores podrían afectar negativamente la gran competitividad del sector exportador de nuestro país, obligando a nuestras autoridades y empresarios a preparar planes de mitigación ante tales escenarios complejos.


